jueves, 31 de octubre de 2013

La Doncella-Andres Marquez






Prologo



La Doncella






Agare.

Un día soleado de la época más bizarra de su vida.

Allí se la podía ver de espaldas, observando el melancólico amanecer a través de los amplios ventanales de su habitación.

Mirando, observando, acechando el único mundo que conocía. Cielos, nubes y brumosas mañanas.

Ya no había silencios incómodos para la doncella Mariale aunque ella no ignoraba que mucho de lo que podía ver no era más que una imagen de un algo que no poseía formas precisas. Presentía esto y mucho más por venir, ahora que era la señora de la tierra de Aveineamen. En realidad se sabia ajena a muchas cosas, misterios que no lograba desentrañar, eventos por ocurrir en esta parte de su vida que recién iniciaba.

Observaba todo preguntándose si lo que percibía algún día estaría a su alcance, si algún día podría visitar las tierras que sus llorosos ojos contemplaban, aldeas lejanas, praderas restallantes de vida y fresco verdor, caminos sinuosos y angostos y eso desconocido que a veces creía poder ver del otro lado de la muralla construida por los Luvirez.

Solo había una exquisita nada, un extraño pero saludable deliquio de los sentidos, algo así como un éxtasis bañado en sangre como había leído en un antiguo cántico.

Caminaba placidamente por la almena norte del alcázar. Siempre había amado esa parte, tan inaccesible que ni siquiera se molestaban en colocar guardias pues del otro lado la pared caía mas de 40 metros hacia un océano encrespado y violento.

La Doncella amaba ese paisaje que le ofrecía el mar fundido con el horizonte llenándola de un primigenio encanto. Nunca pudo precisarlo y mucho observaba y mucho sentía su alma pero no comprendía de donde le nacían las emociones que la embargaban. Quizás la melancolía le nacía de sus recuerdos de la infancia, con su prima la Doncella Disdiaus, aquellos hermosos momentos en los Laberintos.

Extrañaba a su tío, el señor Dib…

Y ellos no regresarían para explicarle que era eso de Afuera.

Solo tenia 18 años, solo pureza y amor supremo en su corazón, era un ser único e inocente, conservado lejos del mundo, un espíritu divino como el soplo del Abismo de Ann.

Allí, asustada por lo que empezaba a descubrir en su corazón, un nuevo universo, sintiendo tambalear todo lo que era su pequeño mundo. Era extraño pero oía voces que la llamaban, como de pequeños crios, puros aunque alejados de ella por un velo de maldad. Ahora la invadían y la llenaban de sentimientos nuevos, escuchaba gritos de dolor que la conmovían pero no los comprendía, voces apagadas que gemían por una ayuda que no llegaba; no lo sabia pero esto, poco a poco, la conducía al nuevo sendero del miedo y la desconfianza, un sendero nuevo para ella que solo había vivido en la certeza pues el temor nace de lo desconocido y ella desconocía lo que existía fuera de lo que Ann le había enseñado, solo sabia de los grandes misterios del Bien.

No conocía al hombre.

Ella, que conocía el bien como nadie, ahora miraba al hombre directamente a los ojos.

Y eso lo atemorizaba….

Entonces surgió el deseo de cantar, un deseo doloroso, despiadado. Sus labios se abrieron, sus pechos se irguieron y cerrando los ojos hizo nacer de su pura y bella alma, la vibración que  dio vida  a una voz como jamás antes fue escuchada, una voz única, clara y límpida como el agua que desciende de la montaña en la época de deshielo.

Y su canto era de gloria y esplendor antiguos, de amor perdido y perdón, Sus palabras invocaban a la libertad del viento cuando juguetea con los árboles y al consuelo que trae la lluvia en los días de estío, al silencio que se apodera del corazón de aquellos que se aman al mirarse, a las cosas sencillas y hermosas de la vida, a los misterios del futuro, a la paz de los cisnes blancos al descansar en los lagos y a la frialdad de la nieve al caer, a la dulce fragancia de las primeras flores, al olor a tierra cunado llovía.

Y mientras cantaba tuvo una visión que la arrastro mas allá de los bordes del mundo, a un universo distinto, con tierras extrañas. Vio personas reunidas, miles, extrañas ciudades, extraños seres de acero, fuego y oscuridad, eventos trágicos y horrorosos, vio una guerra espantosa y un campo de batalla plagado de muertos, a un Whalterior (Señor de La Guerra) victorioso, coronado de sangre y lloroso.

Entonces, en medio de su temor, lo supo.

Supo la razón por la cual se tuvo que mantener apartada del hombre y su mundo, ignorante su alma a los sentimientos de esas tierras.

Supo que debía partir hacia ese lugar, hacia ese otro lado donde el la esperaría.

Solo el Bien puede redimirlo.

Y para ella, no habría Regreso.

Supo del Amor, supo de la máxima revelación de Ann, ese amor más grande y más poderoso que cualquier cosa de este mundo.

Ese Amor, que a el le traería redención.

Entonces la Visión se desvaneció junto con su voz y sus miedos. En ella ya no había lágrimas ni razones para llorar. Todo era un preludio hacia un destino que no podía precisar del todo, lo veía a través de un velo que permitía adivinar la forma, pero nada más.

Continuó su recorrido a lo largo de la almena, contemplando el mar. Se cruzo de brazos y por un momento deseo que nada de esto tuviese lugar, pero Ann era sabio y debía confiarse a sus designios.

Pronto llego al borde y contemplo con muda admiración el bello amanecer  mientras pensaba que el sol era el ser mas generoso pues son su luz convertía todo en oro, el agua, el aire, las rocas y a ella misma.

-¡Astro pletórico de Luz y Belleza, inunda mi corazón de calor y aleja las sombras que me persiguen!

Una brisa fría alboroto sus oscuros cabellos mas no hizo nada por acomodarlos. Cerró los ojos y al hacerlo una lagrima cayo de sus ojos verdes deslizándose tímidamente por su nívea mejilla.

Al abrirlos, supo que bajo ese mismo sol, sobre ese mismo mar, un barco llamado Maderthe (Esperanza) traía a ese Whalterior.

Su nombre era Thryer Kamar Ann-Tharez…

viernes, 25 de octubre de 2013

Los caballos de Abdera- Leopoldo Lugones




Los caballos de Abdera
[Cuento. Texto completo.]
Leopoldo Lugones


    Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente es Balastra y que no debe ser confundida con su tocaya bética, era célebre por sus caballos.
    Descollar en Tracia por sus caballos, no era poco; y ella descollaba hasta ser única. Los habitantes todos tenían a gala la educación de tan noble animal, y esta pasión cultivada a porfía durante largos años, hasta formar parte de las tradiciones fundamentales, había producido efectos maravillosos. Los caballos de Abdera gozaban de fama excepcional, y todas las poblaciones tracias, desde los cicones hasta los bisaltos, eran tributarios en esto de los bistones, pobladores de la mencionada ciudad. Debe añadirse que semejante industria, uniendo el provecho a la satisfacción, ocupaba desde el rey hasta el último ciudadano.
    Estas circunstancias habían contribuido también a intimar las relaciones entre el bruto y sus dueños, mucho más de lo que era y es habitual para el resto de las naciones; llegando a considerarse las caballerizas como un ensanche del hogar, y extremándose las naturales exageraciones de toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa. Eran verdaderamente notables corceles, pero bestias al fin. Otros dormían en cobertores de biso; algunos pesebres tenían frescos sencillos, pues no pocos veterinarios sostenían el gusto artístico de la raza caballar, y el cementerio equino ostentaba entre pompas burguesas, ciertamente recargadas, dos o tres obras maestras. El templo más hermoso de la ciudad estaba consagrado a Anón, el caballo que Neptuno hizo salir de la tierra con un golpe de su tridente; y creo que la moda de rematar las proas en cabezas de caballo, tenga igual proveniencia: siendo seguro en todo caso que los bajos relieves hípicos fueron el ornamento más común de toda aquella arquitectura. El monarca era quien se mostraba más decidido por los corceles, llegando hasta tolerar a los suyos verdaderos crímenes que los volvieron singularmente bravíos; de tal modo que los nombres de Podargos y de Lampón figuraban en fábulas sombrías; pues es del caso decir que los caballos tenían nombres como personas.
    Tan amaestrados estaban aquellos animales, que las bridas eran innecesarias, conservándolas únicamente como adornos, muy apreciados desde luego por los mismos caballos. La palabra era el medio usual de comunicación con ellos; y observándose que la libertad favorecía el desarrollo de sus buenas condiciones, dejábanlos todo el tiempo no requerido por la albarda o el arnés en libertad de cruzar a sus anchas las magníficas praderas formadas en el suburbio, a la orilla del Kossínites para su recreo y alimentación.
    A son de trompa los convocaban cuando era menester, y así para el trabajo como para el pienso eran exactísimos. Rayaba en lo increíble su habilidad para toda clase de juegos de circo y hasta de salón, su bravura en los combates, su discreción en las ceremonias solemnes. Así, el hipódromo de Abdera tanto como sus compañías de volatines; su caballería acorazada de bronce y sus sepelios, habían alcanzado tal renombre, que de todas partes acudía gente a admirarlos: mérito compartido por igual entre domadores y corceles.
    Aquella educación persistente, aquel forzado despliegue de condiciones, y para decirlo todo en una palabra, aquella humanización de la raza equina iban engendrando un fenómeno que los bistones festejaban como otra gloria nacional. La inteligencia de los caballos comenzaba a desarrollarse pareja con su conciencia, produciendo casos anormales que daban pábulo al comentario general.
    Una yegua había exigido espejos en su pesebre, arrancándolos con los dientes de la propia alcoba patronal y destruyendo a coces los de tres paneles cuando no le hicieron el gusto. Concedido el capricho daba muestras de coquetería perfectamente visible. Balios, el más bello potro de la comarca, un blanco elegante y sentimental que tenía dos campañas militares y manifestaba regocijo ante el recitado de hexámetros heroicos, acababa de morir de amor por una dama. Era la mujer de un general, dueño del enamorado bruto, y por cierto no ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba su vanidad, siendo esto muy natural, por otra parte, en la ecuestre metrópoli.
    Señalábase igualmente casos de infanticidio, que aumentando en forma alarmante, fue necesario corregir con la presencia de viejas mulas adoptivas; un gusto creciente por el pescado y por el cáñamo cuyas plantaciones saqueaban los animales; y varias rebeliones aisladas que hubo de corregirse, siendo insuficiente el látigo, por medio del hierro candente. Esto último fue en aumento, pues el instinto de rebelión progresaba a pesar de todo.
    Los bistones, más encantados cada vez con sus caballos, no paraban mientes en eso. Otros hechos más significativos produjéronse de allí a poco. Dos o tres atalajes habían hecho causa común contra un carretero que azotaba su yegua rebelde. Los caballos resistíanse cada vez más al enganche y al yugo, de tal modo que empezó a preferirse el asno. Había animales que no aceptaban determinado apero; mas como pertenecían a los ricos, se defería a su rebelión comentándola mimosamente a título de capricho.
    Un día los caballos no vinieron al son de la trompa, y fue menester constreñirlos por la fuerza; pero los subsiguientes no se reprodujo la rebelión.
    Al fin ésta ocurrió cierta vez que la marea cubrió la playa de pescado muerto, como solía suceder. Los caballos se hartaron de eso, y se les vio regresar al campo suburbano con lentitud sombría.
    Medianoche era cuando estalló el singular conflicto.
    De pronto un trueno sordo y persistente conmovió el ámbito de la ciudad. Era que todos los caballos se habían puesto en movimiento a la vez para asaltarla, pero esto se supo luego, inadvertido al principio en la sombra de la noche y la sorpresa de lo inesperado.
   Como las praderas de pastoreo quedaban entre las murallas, nada pudo contener la agresión; y añadido a esto el conocimiento minucioso que los animales tenían de los domicilios, ambas cosas acrecentaron la catástrofe.
    Noche memorable entre todas, sus horrores sólo aparecieron cuando el día vino a ponerlos en evidencia, multiplicándolos aun. Las puertas reventadas a coces yacían por el suelo dando paso a feroces manadas que se sucedían casi sin interrupción. Había corrido sangre, pues no pocos vecinos cayeron aplastados bajo el casco y los dientes de la banda en cuyas filas causaron estragos también las armas humanas.
    Conmovida de tropeles, la ciudad oscurecíase con la polvareda que engendraban; y un extraño tumulto formado por gritos de cólera o de dolor, relinchos variados como palabras a los cuales mezclábase uno que otro doloroso rebuzno, y estampidos de coces sobre las puertas atacadas, unía su espanto al pavor visible de la catástrofe. Una especie de terremoto incesante hacía vibrar el suelo con el trote de la masa rebelde, exaltado a ratos como en ráfaga huracanada por frenéticos tropeles sin dirección y sin objeto; pues habiendo saqueado todos los plantíos de cáñamo, y hasta algunas bodegas que codiciaban aquellos corceles pervertidos por los refinamientos de la mesa, grupos de animales ebrios aceleraban la obra de destrucción. Y por el lado del mar era imposible huir. Los caballos, conociendo la misión de las naves, cerraban el acceso del puerto.
    Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezábase a organizar en ella la resistencia. Por lo pronto cubríase de dardos a todo caballo que cruzaba por allí, y cuando caía cerca era arrastrado al interior como vitualla.
    Entre los vecinos refugiados circulaban los más extraños rumores. El primer ataque no fue sino un saqueo. Derribadas las puertas, las manadas introducíanse en las habitaciones, atentas sólo a las colgaduras suntuosas con que intentaban revestirse, a las joyas y objetos brillantes. La oposición a sus designios fue lo que suscitó su furia.
    Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres asaltadas y aplastadas en sus propios lechos con ímpetu bestial; y hasta se señalaba a una noble doncella que sollozando narraba entre dos crisis su percance: el despertar en la alcoba a la media luz de la lámpara, rozados sus labios por la innoble jeta de un potro negro que respingaba de placer el belfo enseñando su dentadura asquerosa; su grito de pavor ante aquella bestia convertida en fiera, con el resplandor humano y malévolo de sus ojos incendiados de lubricidad; el mar de sangre con que la inundara al caer atravesado por la espada de un servidor...
    Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas se habían divertido con saña femenil, despachurrando a mordiscos a las víctimas. Los asnos habían sido exterminados, y las mulas subleváronse también, pero con torpeza inconsciente, destruyendo por destruir, y particularmente encarnizadas contra los perros.
    El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo la ciudad, y el fragor de los derrumbes iba aumentando. Era urgente organizar una salida, por más que el número y la fuerza de los asaltantes la hiciera singularmente peligrosa, si no se quería abandonar la ciudad a la más insensata destrucción.
    Los hombres empezaron a armarse; mas, pasado el primer momento de licencia, los caballos habíanse decidido a atacar también.
    Un brusco silencio precedió al asalto. Desde la fortaleza distinguían el terrible ejército que se congregaba, no sin trabajo, en el hipódromo. Aquello tardó varias horas, pues cuando todo parecía dispuesto, súbitos corcovos y agudísimos relinchos cuya causa era imposible discernir, desordenaban profundamente las filas.
    El sol declinaba ya, cuando se produjo la primera carga. No fue, si se permite la frase, más que una demostración, pues los animales se limitaron a pasar corriendo frente a la fortaleza. En cambio, quedaron acribillados por las saetas de los defensores.
    Desde el más remoto extremo de la ciudad, lanzáronse otra vez, y su choque contra las defensas fue formidable. La fortaleza retumbó entera bajo aquella tempestad de cascos, y sus recias murallas dóricas quedaron, a decir vedad, profundamente trabajadas.
    Sobrevino un rechazo, al cual sucedió muy luego un nuevo ataque.
    Los que demolían eran caballos y mulos herrados que caían a docenas; pero sus filas cerrábanse con encarnizamiento furioso, sin que la masa pareciera disminuir. Lo peor era que algunos habían conseguido vestir sus bardas de combate en cuya malla de acero se embotaban los dardos. Otros llevaban jirones de tela vistosa, otros, collares, y pueriles en su mismo furor, ensayaban inesperados retozos.
    De las murallas los conocían. ¡Dinos, Aethon, Ameteo, Xanthos! Y ellos saludaban, relinchaban gozosamente, enarcaban la cola, cargando en seguida con fogosos respingos. Uno, un jefe ciertamente, irguióse sobre sus corvejones, caminó así un trecho manoteando gallardamente al aire como si danzara un marcial balisteo, contorneando el cuello con serpentina elegancia, hasta que un dardo se le clavó en medio del pecho...
    Entre tanto, el ataque iba triunfando. Las murallas empezaban a ceder.
    Súbitamente una alarma paralizó a las bestias. Unas sobre otras, apoyándose en ancas y lomos, alargaron sus cuellos hacia la alameda que bordeaba la margen del Kossínites; y los defensores volviéndose hacia la misma dirección, contemplaron un tremendo espectáculo.
    Dominando la arboleda negra, espantosa sobre el cielo de la tarde, una colosal cabeza de león miraba hacia la ciudad. Era una de esas fieras antediluvianas cuyos ejemplares, cada vez más raros, devastaban de tiempo en tiempo los montes Ródopes. Mas nunca se había visto nada tan monstruoso, pues aquella cabeza dominaba los más altos árboles, mezclando a las hojas teñidas de crepúsculo las greñas de su melena.
    Brillaban claramente sus enormes colmillos, percibíase sus ojos fruncidos ante la luz, llegaba en el hálito de la brisa su olor bravío, inmóvil entre la palpitación del follaje, herrumbrada por el sol casi hasta dorarse su gigantesca crin, alzábase ante el horizonte como uno de esos bloques en que el pelasgo, contemporáneo de las montañas, esculpió sus bárbaras divinidades.
    Y de repente empezó a andar, lento como el océano. Oíase el rumor de la fronda que su pecho apartaba, su aliento de fragua que iba sin duda a estremecer la ciudad cambiándose en rugido.
    A pesar de su fuerza prodigiosa y de su número, los caballos sublevados no resistieron semejante aproximación. Un solo ímpetu los arrastró por la playa, en dirección a la Macedonia, levantando un verdadero huracán de arena y de espuma, pues no pocos disparábanse a través de las olas.
    En la fortaleza reinaba el pánico. ¿Qué podrían contra semejante enemigo? ¿Qué gozne de bronce resistiría a sus mandíbulas? ¿Qué muro a sus garras...?
    Comenzaban ya a preferir el pasado riesgo (al fin en una lucha contra bestias civilizadas), sin aliento ni para enflechar sus arcos, cuando el monstruo salió de la alameda. No fue un rugido lo que brotó de sus fauces, sino un grito de guerra humano, el bélico "¡alalé!" de los combates, al que respondieron con regocijo triunfal los "hoyohei" y los "hoyotohó" de la fortaleza.
    ¡Glorioso prodigio!
    Bajo la cabeza del felino, irradiaba luz superior el rostro de un numen; y mezclados soberbiamente con la flava piel, resaltaban su pecho marmóreo, sus brazos de encina, sus muslos estupendos.
    Y un grito, un solo grito de libertad, de reconocimiento, de orgullo, llenó la tarde:
   —¡Hércules, es Hércules que llega!

Los Ojos Verdes-Gustavo Adolfo Bécquer





Los ojos verdes
[Leyenda. Texto completo.]
Gustavo Adolfo Bécquer


Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.
Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día.
I
-Herido va el ciervo..., herido va... no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas... Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban... En cuarenta años de montero no he visto mejor golpe... Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Álamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?
Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada, y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros, se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más a propósito para cortarle el paso a la res.
Pero todo fue inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó a las carrascas, jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de una trocha que conducía a la fuente.
-¡Alto!... ¡Alto todo el mundo! -gritó Iñigo entonces-. Estaba de Dios que había de marcharse.
Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista a la voz de los cazadores.
En aquel momento, se reunía a la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.
-¿Qué haces? -exclamó, dirigiéndose a su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos-. ¿Qué haces, imbécil? Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya a morir en el fondo del bosque. ¿Crees acaso que he venido a matar ciervos para festines de lobos?
-Señor -murmuró Iñigo entre dientes-, es imposible pasar de este punto.
-¡Imposible! ¿Y por qué?
-Porque esa trocha -prosiguió el montero- conduce a la fuente de los Álamos: la fuente de los Álamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento. Ya la res habrá salvado sus márgenes. ¿Cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Fiera que se refugia en esta fuente misteriosa, pieza perdida.
-¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador... ¿Lo ves?... ¿Lo ves?... Aún se distingue a intervalos desde aquí; las piernas le fallan, su carrera se acorta; déjame..., déjame; suelta esa brida o te revuelvo en el polvo... ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue a la fuente? Y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus, Relámpago!; ¡sus, caballo mío! Si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.
Caballo y jinete partieron como un huracán. Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.
El montero exclamó al fin:
-Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto a morir entre los pies de su caballo por detenerlo. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; de aquí en adelante, que pruebe a pasar el capellán con su hisopo.
II
-Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío. ¿Qué os sucede? Desde el día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegasteis a la fuente de los Álamos, en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos. Ya no vais a los montes precedido de la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros a la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en balde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?
Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con un cuchillo de monte.
Después de un largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalar sobre la pulimentada madera, el joven exclamó, dirigiéndose a su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras:
-Iñigo, tú que eres viejo, tú que conoces las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo a las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste más de una vez a su cumbre, dime: ¿has encontrado, por acaso, una mujer que vive entre sus rocas?
-¡Una mujer! -exclamó el montero con asombro y mirándole de hito en hito.
-Sí -dijo el joven-, es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña... Creí poder guardar ese secreto eternamente, pero ya no es posible; rebosa en mi corazón y asoma a mi semblante. Voy, pues, a revelártelo... Tú me ayudarás a desvanecer el misterio que envuelve a esa criatura que, al parecer, sólo para mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede dame razón de ella.
El montero, sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarse junto al escaño de su señor, del que no apartaba un punto los espantados ojos... Éste, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:
-Desde el día en que, a pesar de sus funestas predicciones, llegué a la fuente de los Álamos, y, atravesando sus aguas, recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de soledad.
Tú no conoces aquel sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae, resbalándose gota a gota, por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes y, susurrando, susurrando, con un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno a las flores, se alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen a su camino, y se repliegan sobre sí mismas, saltan, y huyen, y corren, unas veces con risas; otras, con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco a cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa, para estancarse en una balsa profunda cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.
Todo allí es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.
Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fue nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba a sentarme al borde de la fuente, a buscar en sus ondas... no sé qué, ¡una locura! El día en que saltó sobre ella mi Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña.., muy extraña..: los ojos de una mujer.
Tal vez sería un rayo de sol que serpenteó fugitivo entre su espuma; tal vez sería una de esas flores que flotan entre las algas de su seno y cuyos cálices parecen esmeraldas...; no sé; yo creí ver una mirada que se clavó en la mía, una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos. En su busca fui un día y otro a aquel sitio.
Por último, una tarde... yo me creí juguete de un sueño...; pero no, es verdad; le he hablado ya muchas veces como te hablo a ti ahora...; una tarde encontré sentada en mi puesto, vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto..., sí, porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente, unos ojos de un color imposible, unos ojos...
-¡Verdes! -exclamó Iñigo con un acento de profundo terror e incorporándose de un golpe en su asiento.
Fernando lo miró a su vez como asombrado de que concluyese lo que iba a decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:
-¿La conoces?
-¡Oh, no! -dijo el montero-. ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta estos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio o mujer que habita en sus aguas tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro por lo que más améis en la tierra a no volver a la fuente de los álamos. Un día u otro os alcanzará su venganza y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.
-¡Por lo que más amo! -murmuró el joven con una triste sonrisa.
-Sí -prosiguió el anciano-; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la que el Cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor, que os ha visto nacer.
-¿Sabes tú lo que más amo en el mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dio la vida y todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos... ¡Mira cómo podré dejar yo de buscarlos!
Dijo Fernando estas palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento sombrío:
-¡Cúmplase la voluntad del Cielo!
III
-¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae a estos lugares ni a los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda. Yo te amo, y, noble o villana, seré tuyo, tuyo siempre.
El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban a grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco a poco de la superficie del lago, comenzaba a envolver las rocas de su margen.
Sobre una de estas rocas, sobre la que parecía próxima a desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba, temblando, el primogénito Almenar, de rodillas a los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.
Ella era hermosa, hermosa y pálida como una estatua de alabastro. Y uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.
Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras; pero exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.
-¡No me respondes! -exclamó Fernando al ver burlada su esperanza-. ¿Querrás que dé crédito a lo que de ti me han dicho? ¡Oh, no!... Háblame; yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer...
-O un demonio... ¿Y si lo fuese?
El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:
-Si lo fueses.:., te amaría..., te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más de ella.
-Fernando -dijo la hermosa entonces con una voz semejante a una música-, yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la Tierra; soy una mujer digna de ti, que eres superior a los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas, incorpórea como ellas, fugaz y transparente: hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes lo premio con mi amor, como a un mortal superior a las supersticiones del vulgo, como a un amante capaz de comprender mi caso extraño y misterioso.
Mientras ella hablaba así, el joven absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca.
La mujer de los ojos verdes prosiguió así:
-¿Ves, ves el límpido fondo de este lago? ¿Ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?... Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales..., y yo..., yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio y que no puede ofrecerte nadie... Ven; la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino...; las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles; el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven..., ven.
La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas... Ven, ven... Estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven... y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso..., un beso...
Fernando dio un paso hacía ella..., otro..., y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve..., y vaciló..., y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.
Las aguas saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta expirar en las orillas.

sábado, 19 de octubre de 2013

Hans Westmar-Uno de tantos.




Hans Westmar-Uno de tantos.


Biografía de un miembro de la SA, Host Wessel, asesinado por los comunistas. Recrea el violento ambiente de lucha política de los años 30 y describe la vida y padecimiento de este joven que fuera importante orador y proselitista en Berlín durante la conquista del poder del Partido Obrero Nacional Socialista de los Trabajadores.


Ficha técnica
Hans Westmar. Einer von vielen. Ein deutsches Schicksal aus dem Jahre 1929
Director Franz Wenzler
Productor Robert Ernst
Guionista Hanns Heinz Ewers
Reparto Emil Lohkamp, Paul Wegener
Música Giuseppe Becce, Ernst Hanfstaengl
Distribuidora Siegel-Monopolfilm
Año
1933
Duración 132 minutos
País Alemania


De esta pelicula encontre dos versiones, una con una excelente calidad de ripeo tiene menos metraje, es una reedicion de la obra original, remasterizada, se la puede comprar en algunos sitios de internet, como Libreria Europa y Videos Wahalla .Esta version solo tiene subtitulos incrustados en ingles. La otra version que posteo es la original, con los 132 minutos intactos y subtitulos en castellano, resincronizados y con correciones menores realizadas por mi. Lo malo es que no se ve tan bien como la otra.

Las capturas lo dicen todo.



 Estas son imagenes del libro de Prensa editado en esa epoca:
En el cartel puede leerse la usual consigna de los bolcheviques:"Nazi Revienta"



O esta otra versión:



jueves, 17 de octubre de 2013

La Lucha Más Difícil-Andres Marquez

La Lucha Más Difícil



Es los escasos años que llevo adelante esta lucha, este intenso combate contra el sistema y sus derivaciones, he atravesada diversos estados anímicos, cambios en mi modo de pensar y accionar, hasta llegar a estado actual, que considero el mas nivelado y acorde para emprender una lucha mas seria, mas comprometida, y por supuesto, mas efectiva.

Presencie en esos escasos años, innumerables deserciones, todas basadas en razones mas o menos validas, comprensibles unas mas que otras, traiciones varias, y como no podía ser menos, fui acusado a su debido tiempo de traidor, servicio, informante y otros delirios del mismo tenor, claro que todas esas acusaciones las realizaron personas que nada hacen, niegan ser NS, viven su vida muy cómodamente frente a la PC comprada por su papi, mirando toda la pornografía que se bajan de Internet donde con poco menos que caradurez juegan a ser “nazis virtuales”.

Además presencie cambios de opinión, algunos basados en la profundización de la doctrina, cambios razonables, yo mismo atravesé esos estados, de ser anticristiano de manera idiota, pase a respetar la creencia en Cristo, o ser nordicista a ultranza a una concepción paneuropea del NS acorde a la evolución de las teorías raciales en el Tercer Reich y las desarrolladas por los diversos organismos que llevaron adelante el intento de actualizar el Nacionalsocialismo a los tiempos que corren.

Fui abandonado por camaradas  a los cuales considere íntimos.

¿Eso me hace un mártir?

Dios y Odín me salven de ello.

El NS ya posee suficientes mártires y héroes, lo que necesita en realidad son personas de carne y hueso que en la lucha diaria del vivir propaguen esta idea.

Y con esto entro de lleno en el asunto de este breve artículo.

Los medios para ser NS en el Mundo actual.

La pregunta que sale en primer lugar es bastante obvia: ¿Se puede ser Ns en la actualidad? ¿En un mundo tan oscuro y lleno de vicios? La respuesta es sencilla: Si y es un deber ser un Ns en este mundo decadente.

Y es que en los valores encarnados en el Nacionalsocialismo radican las bases del Nuevo Orden que debe regir la vida de los pueblos. Este orden es respetuoso de las diferencias y pretende mantenerlas mediante una serie de medidas.

Ahora bien, estas medidas, la mayoría de nosotros las conocemos mas o menos, y poco importa la medida de tal conocimiento, pues de nada sirve tener el mejor de los programas políticos sino se poseen las riendas de un Estado.

Nosotros, como Ns no buscamos el poder por el poder mismo, sino por lo que con el se puede hacer y este el real fin de la política, el poder brindar bienestar a las personas, ya sea económica, cultural, social, en fin, todo lo que un ser humano decente pretende de su vida y en su vida, pero que en gran medida le esta vedado o reservado a un grupo selecto de personas.

Históricamente tenemos un referente, y es preciso estudiarlo, no para copiar sus tácticas, sino para aprender algo, y eso es la estrategia, cosa que falta de manera absoluta en los grupos NS del Mundo, excepto España donde gracias a la acción formadora de CEDADE algunos grupos quedaron mas o menos armados, aunque algunos de ellos sean meros comparsas del sistema partidocratico.

Hitler fue un líder consciente de los tiempos que corrían, por ende, con mucha inteligencia vio que el cambio era posible mediante un cambio en las mentes de las personas, o mas bien en su corazón, y solo a partir de allí es posible llegar al poder y ejecutar todos los planes y programas que se pretendan.

El Nacionalsocialismo es una doctrina de acción, nacida de una concepción del mundo que centra en la Raza y su correcta valoración las fuentes de grandeza y prosperidad de una Nación. Asimismo hace un hincapié único en el aspecto social, entendido este como un respeto y aceptación de la tarea de cada miembro de una comunidad Racial.

Por ende, ambos elementos deben estar inseparables. No se puede ser buen Ns sin ser un ser socialista, pero tampoco se puede ser Ns sin ser racista.

Ahora bien, el aspecto racial cambio mucho desde que Gobineau escribió sus escritos, lo mismo con muchas de las teorías raciales del NS y eso es algo bastante obvio al saber que en una doctrina que cuya Doxa nace de la Praxis, los escritos vengan después.

Así lo entendió Hitler, de ahí que su lucha comenzó antes de escribir sus líneas del Mein Kampf, y para empezar su lucha, vio que nada de lo que existía, era idóneo. En esa época, Alemania esta en ruinas, y diversas sociedades mas o menos raciales existían, todas bajo conceptos mas o menos ocultistas, mas o menos volkisch, pero todas limitadas en su llegada a las masas, al Pueblo.

He aquí el primer error de muchos NS: la marginalidad, la cual tocare mas adelante, ahora seguiré mi exposición de la situación de la Alemania de postguerra.

La mayoría de los Ns que conocí otorgan un papel preponderante a estas sociedades, especialmente a la Logia Thule, cuya bases teosóficas son indudables, lo que las hizo presas de la Masonería, esta logia usaba al Partido Obrero Alemán para lograr actuar en el campo político, pero los lideres de esta logia eran de de actuar de manera subrepticia, algo que Hitler mismo afirmo que era una necedad.

De ahí que Hitler, de manera acertada concertó una nueva Estrategia: para lograr cambiar a las personas, primero hay que saber llegar a ellas.

Es por eso que la propaganda del NSDAP siempre fue sencilla, llena de imágenes y frases sencillas, nada de ocultismo ni de sofisterías esotéricas, que solo alejan más que otra cosa.

Un Ns que se aleja de su Pueblo, deja de lado su carácter social, lo cual lo aleja de la esencia del Ns.

Por eso es prioritario en los grupos Ns el planteamiento de una estrategia acorde a los tiempos que corren, los medios son mucho más variados en la actualidad, aun cuando exista una presión enorme por parte del sistema para censurarnos.

En el la democrática Republica de Weimar fue también duro, sino lean La conquista de Berlín, incluso allí hubo muertos, el triunfo del NS se llevo a cabo en la lucha diaria cuerpo a cuerpo, fue mas dura de que muchos se imaginan.

He aquí el otro enemigo de los Ns actuales: la comodidad.

Si ustedes quieren ser aceptados por el sistema, que nadie les llame asesino, ni loco ni atenten contra ustedes, abandonen esta Idea, elijan otra idea política que los represente.

La vida burguesa, la de vivir cómodo, no es la base de la lucha revolucionaria, para lograr algo importante, sangre, mucho sudor y nada de lagrimas son necesarios. Y en esta etapa, la lucha política requiere una serie de medidas drásticas, o por lo menos, un orden de prioridades.

Por eso, los grupos deben estar organizados, en lo posible, por camaradas jóvenes, solteros, económicamente dispuestos a sacrificarse en aras del grupo, liderados por alguien mas adulto, con experiencia, en este grupo debe existir un mínimo de disciplina, y por sobre todas las cosas, ética revolucionaria y estrategia, porque si nos quedamos solo en los valores revolucionarios, nada lograremos.

Es en la calle donde viven las personas, allí sufren, trabajan y sueñan, es allí donde debemos llegar, buscando un medio u otro, todos dentro de una legalidad por supuesto pues lo que buscamos es ser una opción ética.

El grupo debe decidir sus propias regulaciones, sus propias estrategias y estas deben ser respetadas, llevadas a cabo, si fallan, a no desanimarse, otro camino debe ser buscado.

La estrategia revolucionaria, basada en valores revolucionarios, nos impedirá el otro gran enemigo de un Ns: la marginalidad.

Nosotros debemos tener en claro una cosa: no somos algo ajeno a nuestra comunidad, somos parte de ella, nos debemos a ella y es por ella por la cual luchamos, luchamos por nosotros, es cierto, luchamos por nuestra familia, pero también luchamos para otra familia conozca otra forma de vivir, otros valores, si solo tomamos como incentivo nuestras aspiraciones, nos limitamos a ser unos revolucionarios egoístas.

Resumiendo, los mayores enemigos no están afuera, sino en nosotros mismos, lo primero es organizarse en lo personal, lo segundo es buscar gente idónea, y lo tercero es organizar entre ellos, para elegir la estrategia, que puede ir desde fundar un grupo netamente identificado con el NS, con todo lo que ello conlleva, o una que renuncie a las formas históricas, pero manteniendo la esencia del mismo.

Pero siempre tengan en mente algo:

La lucha que emprenden es la lucha más difícil.

El Sendero A Seguir-Esbozo de Estrategia NS-Andres Marquez

El Sendero A Seguir-Esbozo de Estrategia NS



Dadas las durísimas condiciones en las cuales hoy en día el Nacionalsocialismo se ve obligado a sobrevivir, es necesario establecer una estrategia.

En mis inicios en este camino un intenso deseo de salir a la calle a militar se apoderaba de mi, sin darme cuenta de que eso conllevaba una serie de cuestiones mucho mas peligrosas de lo que creía. Pero no fue eso lo que me detuvo a repensar, sino el mismo proceso de decantación que a todo Camarada le llega con el transcurso del tiempo.

Es necesario en esta etapa de profunda decadencia mantener constante el esfuerzo para mantener viva la llama del NacionalSocialismo.

No sirve un esfuerzo potente y corto, de un par de años, de los cuales no se obtienen mas que sinsabores y fracasos, mas propios que ajenos.

En primer lugar es necesario saber que mantener.

Mantener el NacionalSocialismo con sus formas de 1930  es un error, en lo estratégico, lo importante es ser un NS en la actualidad, consciente de los problemas actuales de la comunidad, conscientes de que nuestro esfuerzo debe ser actual y con los pies en el suelo. Esto es necesario recalcarlo pues muchos Camaradas cometen el error de encerrarse en ciertos temas, los usuales y eventualmente terminan conociendo del NS lo que el sistema desea que conozcan. Conocí a muchos Camaradas muy conocedores de las estructuras y emblemas de la Werhmacht o las Waffen SS, pero poco y nada sabían, por ejemplo del triunfo social que implicaron los certificados de Trabajo emitidos por el Tercer Reich para paliar el desempleo, certificados conocidos como Dinero Feder. Y que decir de los que ignoran de los artistas que bajo el amparo del Tercer Reich crearon hermosas manifestaciones netamente populares.

Todos esos temas son importantes, pero para mantener viva la llama de algo, primero debo amarlo y para poder amarlo, debo conocerlo.

Asi que en primer lugar, en este sentido, es necesario mantener un grupo de acero, dedicado a transmitir esas cosas que hasta los mismos NS olvidan, por descuido, ignorancia o comodidad, el Arte, el socialismo, el real racismo de conocer nuestros logros.

Ahora bien, ya sabiendo que mantener, hay que saber como hacerlo.

Y en este sentido, la estrategia es primordial.

Creo que existen dos caminos a tomar, el primero es mantener ese grupo cerrado, limitando la entrada de elementos nuevos hasta que no hayan demostrado ser acordes a la idea y manteniendo una estricta legalidad. Este grupo puede mantenerse a flote como una asociación cultural, nunca como partido político, debe ser entendido que un partido nazi no tiene ninguna oportunidad, seria inmediatamente desarticulado, sus miembros encarcelados y todo sin siquiera haber podido empezar.

Por eso es necesario organizarse entre los miembros de ese grupo, averiguar como son las leyes en ese lugar, y manteniendo siempre los fines de una manera clara, sencilla y por sobre todo, realista. Editar una revista, alentar eventos culturales acordes a nuestra idiosincrasia, editar dentro de lo posible los libros históricos y los actuales, y apoyar, de haber, algún grupo alternativo que mantenga un mínimo de ética y discurso antisistema.

Y bajo ningún punto de vista apoyar a partidos decadentes, o personas decadentes y no éticas.

Las posibilidades son amplias en este sentido, pero el crecimiento es pobre, pero es esta misión primordial, sin una base de lo ocurrido realmente en los años dorados del Tercer Reich y la evolución del mismo, eventualmente veremos nazis de todos los colores, sabores y olores, es necesario mantener cierta ortodoxia y evitar el sinnúmero de desviaciones, alejar a los serranistas, a los que creen que ( en el caso de Argentina) que el mal llamado Nacionalismo Católico es NS, que el NS es la Werhmacht y su poder bélico, a los “paganistas” que juran por Odín y le rezan olvidados ritos y por supuesto, a los  skins.

El otro camino es directamente la lucha política bajo formas no NS, o sea renunciando a las formas históricas por completo, a los emblemas y a ciertos temas, como razas, y judíos y holocausto.

El campo en ese sentido es mucho mas amplio de lo que se cree, existen machismos aspectos del NS que no están prohibidos y son realmente revolucionarios, pero es necesario primero conocerlos, Cultura, socialismo, economía, son muchos los puntos a rescatar.

En este camino existen una serie de problemas, uno primordial es la  legalización, en Argentina existe una legislación especial, para poder solicitar la personería jurídica, primero se deben realizar una serie de tramites, el principal es conseguir una base de firmas, un piso, que es el del 4 % del padrón electoral del distrito en donde el partido comenzara su accionar, yo recomiendo comenzar con un accionar municipal, siendo el estrato mas básico y en el que menos personas viven, por ejemplo donde yo vivo con 400 firmas se puede conseguir la personería jurídica.

El segundo asunto a tener en cuenta es la financiación del mismo, para un mínimo de actividad proselitista, sin la cual ningún partido llega a nada, o sea hay que salir a la calle y pegar afiches, hablar con la gente, organizar pequeñas reuniones en casas de personas con contactos en la comunidad, evitar a los famosos punteros políticos.

Otro asunto sumamente importante es establecer una base ideológica lo suficientemente flexible como para no atarse a nada que la realidad después desmienta, esto no significa establecer un programa sin coherencia con la realidad, sino uno que eventualmente se pueda modificar por los sucesos reales, manteniendo una base ética, de Valores netos e inclaudicables.

La lucha de Valores no se negocia, se pueden hacer las cosas mal, fracasar incluso, pero siempre manteniendo en alto los Valores intrínsecos a un grupo que combate al Sistema.

El otro factor a tener en cuenta es la constancia. Esfuerzo prolongado, constante, es preferible hacer poco pero bien hecho. Con una mesa en una peatonal, unos volantes y algunos distribuyéndolos se logra mucho más que poniendo muchas mesas, imprimiendo muchos volantes  que nadie leerá y estando solos ante la multitud. La camaderia, la sensación de estar acompañado de alguien igual a uno ayuda de una manera mental mucho más efectiva.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Romeo y Julieta-Data Y Descarga


Romeo y Julieta




Escrita según unos en 1591, esta tragedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare, se publicó "in quarto" en 1597, en 1599, en 1609 y en otra fecha imprecisa, y en "in folio" en 1623. Las relaciones entre los diversos textos han sido minuciosamente estudiadas.
El tema de la "muerta viva", destinado a hallar su más elevada expresión en este drama (según el conocido estudio de H. Hauvette, La morte vivante), llega a Shakespeare por conducto italiano, especialmente a través del trabajo de Matteo Bandello (1485-1561), divulgado en el extranjero por Pierre Boisteau. La versión de este último fue a su vez traducida al inglés en el Palacio del Placer de William Painter, e interpretado libremente por Arthur Brooke en el poema La trágica historia de Romeo y Julieta, de 1562, en el que se inspiró Shakespeare.
Se ha intentado establecer una relación entre el drama de Shakespeare y los otros derivados de la misma fuente, el de Lope de Vega (Castelvines y Monteses) y la Adriana (1578) de Luigi Groto, que contiene frases e imágenes que se encuentran también en el drama de Shakespeare, pero que son tan sólo lugares comunes del petrarquismo; además, ambos dramas son completamente diferentes en el modo de tratar el argumento y en el estudio de los personajes.
Los Montecchi (Montagues) y los Cappelletti (Capulets), las dos principales familias de Verona, son enemigas. Romeo, hijo del viejo Montecchi, asiste enmascarado a una fiesta en casa de los Capuletos y, si antes se creía enamorado de Rosalina, ahora descubre que su verdadera pasión es Julieta. Después de la fiesta, los jóvenes se encuentran inflamados en mutuo amor. Y, estando bajo la ventana de Julieta, Romeo la oye confesar a la noche su amor por él, y obtiene su consentimiento para un matrimonio secreto.


Con la ayuda de fray Lorenzo se casan al día siguiente. Mercutio, amigo de Romeo, encuentra a Tebaldo, biznieto de la señora Capuleto, furioso por haber descubierto la presencia de Romeo en la fiesta; Mercurio y Tebaldo riñen. Romeo interviene, y al desafío de Tebaldo responde con palabras que ocultan el nuevo vínculo de parentesco, y rehúsa batirse. Mercutio se indigna ante tanta sumisión y saca la espada. Romeo trata en vano de separar a los contendientes, consiguiendo tan sólo dar ocasión a Tebaldo para herir de muerte a Mercutio. Entonces Romeo se ve arrastrado a luchar y mata a Tebaldo.
Es condenado al destierro y, al día siguiente, después de haber pasado la noche con Julieta, deja Verona para ir a Mantua, siendo exhortado por fray Lorenzo, que entiende que aquél es el momento oportuno para hacer público su matrimonio. Julieta, forzada por su padre a casarse con el conde Paris y aconsejada a hacerlo incluso por su nodriza, que antes había favorecido su unión con Romeo, se deja convencer por fray Lorenzo de que consienta, pero bebiendo la víspera de la boda un narcótico que la hará parecer muerta durante cuarenta horas. El fraile mismo se ocupará de avisar a Romeo, que la sacará del sepulcro a su despertar y la conducirá a Mantua.

Romeo y Julieta (1968), de Franco Zeffirelli
Julieta pone en práctica el consejo. Pero el mensaje no llega a Romeo porque el fraile que debía entregarlo es detenido como sospechoso de contagio; en cambio le llega la noticia de la muerte de Julieta. Compra a un boticario un poderoso veneno y se dirige hacia el sepulcro para ver a su amada por última vez; en la entrada encuentra a Paris y lo mata en duelo. Entonces, Romeo, después de haber besado a Julieta por última vez, bebe el veneno. Julieta vuelve en sí y encuentra a Romeo muerto, con la copa aún en la mano. Se da cuenta de lo sucedido y se apuñala. Este trágico fin es narrado por el fraile (que llegó demasiado tarde para impedirlo) y por el paje del conde Paris. Los jefes de las dos familias enemigas, conmovidos por la catástrofe provocada por su enemistad, se reconcilian.
Ha sido advertido muchas veces por los críticos que ésta no es una tragedia en el sentido que lo serán las grandes tragedias de Shakespeare, ya que no brota de los caracteres, sino que es debida a una fortuita combinación de circunstancias externas, hasta tal punto que en el siglo XVIII se pudo alterar el desenlace del drama haciéndolo feliz. No obstante, la concepción de Shakespeare resulta trágica por las mismas imágenes con que opera, ya que en ellas muestra su visión de la historia de los dos enamorados en su rápida y fatal belleza, casi como un relámpago, encendido de pronto y también súbitamente apagado.


Esta concepción se proyecta sobre un fondo artificial "italianizado", que es el mismo de los primeros dramas de Shakespeare (Los dos hidalgos de Verona, Trabajos de amor perdidos). De todo el teatro shakesperiano, Romeo y Julieta es la obra más rica en metáforas; en las palabras de Romeo, más aún que en los sonetos de Shakespeare, encontramos la influencia de los conceptos convencionales de los precursores del barroco. Pero la artificiosidad, en lugar de ser tan sólo una amena decoración, como en los dramas de John Lyly y de Robert Greene, confiere un acento más patético a la historia humana que rodea, y la angustia y la muerte no son menos reales y conmovedoras por producirse en un melindroso jardín a la italiana y estar rodeados de dulzura.
Grande es la variedad de las notas tocadas en este drama, que resume el período inicial y anticipa el de la madurez de Shakespeare: costumbres artificiosas, agudeza extraña y desbocada, pureza de corazón, ardiente fantasía, apoteosis del amor y de su fúnebre pompa. Por esta mezcla de elementos, el drama fascinó a los románticos, no sólo por sus notas más elevadas (en él se inspirará John Keats, cuya Víspera de Santa Inés es una variación sobre un tema de este drama), sino también por ciertos motivos macabros, como la escena del panteón (que puede haber influido sobre ciertas narraciones fantásticas de Edgar Allan Poe) y el parlamento de Julieta en la primera escena del IV acto ("Dime que me oculte donde anidan las sierpes...", v. 79 y ss.), que parece haber sugerido muchas situaciones de "novelas negras" de fines del siglo XVIII.
El drama es quizás, entre los de Shakespeare, el más difundido y popular, y son numerosas las imitaciones y derivaciones en todas las lenguas, si bien el valor de éstas sea a menudo muy escaso.



Romeo y Julieta es una película basada en la obra teatral del mismo título de William Shakespeare. Es la historia de dos adolescentes, cuya incontenible y desbordada pasión coloca el amor por encima de la muerte. Su relación se ve dramáticamente marcada por el absurdo y ancestral odio que se profesan sus familias: los Montesco y los Capuleto. La lucha por llevar adelante su amor desencadenará en una tragedia que los unirá finalmente en la muerte.
Esta es quizás la película más famosa de su director, el italiano Franco Zeffirelli, quien intentó seguir al pie de la letra el texto original de Shakespeare. Su deseo de ser enteramente fiel con la obra le llevó a respetar incluso la edad real de sus protagonistas, que habitualmente eran encarnados por actores adultos. Así, Romeo y Julieta fueron interpretados por un actor de 17 años y una actriz de 15, los entonces desconocidos Leonard Whiting y Olivia Hussey. El filme, en su propósito de combinar romanticismo y realismo, incluía escenas de semidesnudo consideradas audaces para la época, y que el director consideró lógicas y hasta necesarias en un relato de amor pasional.
Además, la experiencia de Zeffirelli en la ópera y el teatro (fue amigo y colaborador de Maria Callas) se dejó notar en la realización del film, muy cuidado en su dirección artística, en su fotografía en color y también en su banda sonora, compuesta por Nino Rota. La melodía "A Time for Us" alcanzó un perdurable éxito y sigue siendo versionada por cantantes melódicos (como Josh Groban) y orquestas de música clásica.



Casting:

  • Leonard Whiting como Romeo Montesco.
  • Olivia Hussey como Julieta Capuleto.
  • John McEnery como Mercucio.
  • Michael York como Teobaldo.
  • Pat Heywood como La Nana.
  • Bruce Robinson como Benvolio.
  • Antonio Pierfederici como Sr. Montesco
  • Esmerelda Ruspoli como Sra. Montesco
  • Paul Hardwick como Sr. Capuleto
  • Natasha Parry como Sra. Capuleto
  • Roberto Bisacco como Paris.
  • Roy Holder como Pedro.
  • Keith Skinner como Baltasar.
  • Laurence Olivier como Narrador.
  • Milo O'Shea como El Padre Lorenzo.
  • Robert Stephens como El Príncipe Escalus.

Anexo Personajes
IMDb

Format                           : AVI
Format/Info                      : Audio Video Interleave
File size                        : 1.4 Gibs
Duration                         : 2h 19mn
Bit rate                         : 1 236 Kbps
Width                            : 672 pixels
Height                           : 384 pixels
Display aspect ratio             : 16:9
Frame rate                       : 23.976 fps
Bit rate                         : 192 Kbps
Channel(s)                       : 2 channels
Channel positions                : Front: L R
Sampling rate                    : 48.0 KHz
Bit depth                        : 16 bits

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Banda Sonora.



BSO, Soundtrack | FLAC Audio | 56:10 | 256 MB

01. Prologue and Fanfare for the Prince - 1:47
02. Romeo - 4:03
03. Juliet - 1:33
04. The Feast at the House of Capulet - 2:06
05. Their First Meeting (Introduction of the Complete "Love Theme") - 2:50
06. What Is a Youth (Love Theme from "Romeo and Juliet") (vocals by Glen Weston) (lyrics by Eugene Walter) - 2:24
07. What Light Through Yonder Window Breaks? (The Balcony Scene, Part I) - 2:56
08. Parting Is Such Sweet Sorrow (The Balcony Scene, Part II) - 2:40
09. But This I Pray... Consent to Marry Us Today - 3:04
10. Romeo and Juliet are Wed - 1:43
11. The Death of Mercutio and Tybalt - 1:04
12. Night's Candles are Burnt Out - 4:28
13. Adieu (Farewell Love Scene) - 1:51
14. The Likeness of Death - 3:40
15. The Ride from Mantua - 2:55
16. Death... Hath Sucked the Honey of Thy Breath (The Death of Romeo) - 1:47
17. Love Theme from "Romeo and Juliet" (In Capulet's Tomb) - 3:04
18. O, Happy Dagger! (The Death of Juliet) - 4:11
19. Epilogue - 7:38