miércoles, 20 de mayo de 2015

La Politica Sobre el Campesinado en el III Reich

LA POLITICA SOBRE EL CAMPESINADO EN EL III REICH


No todo lo que hizo el III Reich en el aspecto socialista es aplicable hoy en día, algunas cosas están desfasadas o ya solucionadas, otras no se hicieron tan bien como se debiera, en otras hay hoy posibles soluciones mejores debido a los adelantos técnicos.
Pero en general su ‘orientación’ y sus propuestas básicas en los problemas socialistas y comunitarios son absolutamente necesarios hoy en día y serían la base, con las modificaciones oportunas al momento, de las soluciones que hoy se precisan.
Y en el tema del campesinado esto es aun más cierto debido al desastre absoluto de la democracia capitalista en este tema, dado que en un sistema basado en el mero número de votos, el campesinado ha perdido casi toda su influencia. Así mismo el marxismo siempre se había centrado en las fábricas de las ciudades, hoy ya ni eso, últimamente su base está en los estudiantes ‘progresistas’ sin trabajo, los intelectuales que venden ‘rebeldía de izquierda zapateril’, los colectivos gays y abortistas, los inmigrantes ilegales, los okupas y demás perro-flautas… pero desde luego no en el campesinado, que es una base tradicional y aun algo arraigada a valores poco ‘progresistas’.
Ante todo hay que comprender que el sistema democrático considera el campo como una fábrica más, un medio de producción, no le da otro valor que el económico. Un campo es como una máquina para el Mercado democrático. Con esta visión mercantilista del campo y dentro de un mercado global las consecuencias han sido brutales.
Los campos de España se abandonan, hay enormes extensiones sin cultivar porque no es rentable en el mercado global. Y lo mismo pasa en toda Europa.
El capitalismo impone unas explotaciones infectas: por ejemplo el tema de la bio-gasolina a condenado al hambre a países enteros, cuyas élites financieras dedican enormes extensiones a ese fin, mientras sus masas quedan subalimentadas. Y lo mismo cuando grandes multinacionales dedican las mejores tierras de países con hambre a la exportación de plátanos, cacao o piñas para pagar divisas de una deuda contraída por los gobernantes y que arruina la agricultura para comer.
Las cosechas de años próximos son utilizadas en los llamados ‘Mercados de futuros’ que provocan subidas o bajadas de precios especulativos
La bolsa especula con productos agrícolas sin importar el paro o problemas de alimentación. Hace poco el mercado de futuros del arroz hizo subir su precio y condenó al hambre a cantidades enormes de población asiática.

LAS BASES ESENCIALES

Por ello es esencial señalar las bases de la política rural del Nacionalsocialismo del III Reich, para así poder valorar las diferencias y su necesidad actual.

1- La consideración de la tierra y la población rural como una base de la comunidad y no como un mero elemento de producción.
Esta es la base esencial, de la cual salen todas las otras medidas destinadas a crear una población rural sana y arraigada a la tierra, no un sistema de mercado ni una mera producción mercantil.

2- Ley para la alimentación nacional: 13 septiembre 1933.
Solo llegar al poder se redacta esta ley básica: La alimentación del pueblo no puede basarse en especulaciones, ni deuda ni disposiciones libres del Mercado, sino en una necesidad establecida y regulada por el Estado.
La primera ley organizó a los agricultores y estableció la prioridad de la alimentación nacional, creó escuelas de agricultura para colonos y ajustó las necesidades de alimentación de productos básicos dentro de un Plan controlado por el Estado.
Mientras que en los años 1920 a 32 se cerraban granjas agrícolas cada día, y se importaban comida desde el extranjero, la banca expropiaba granjas hipotecadas y masas de campesinos sin tierra debían ir a los arrabales de las grandes ciudades, desde 1933 esto acabó totalmente.

3- Ley sobre la sucesión del patrimonio rural: 1 de octubre 1933.
Inmediatamente se legisló para evitar el daño que la finanza hace sobre la tierra, eliminando la posibilidad de establecer hipotecas sobre la tierra, y prohibiendo la expropiación de la tierra por deudas.
Además las tierras agrícolas solo podían ser propiedad de agricultores registrados como tales, no de empresas financieras. Y para granjas de un tamaño adecuado el propietario debía trabajar las heredades. La ley de heredad luchaba contra el mini y el latifundio.
Para combatir el minifundio se estableció que las granjas de un tamaño dado no podrían dividirse en la herencia y el heredero debía trabajar la tierra, no podía venderlas, pero los hijos que no heredaban las tierras tenían otras compensaciones y el propietario deberes con ellos.
Así, la Ley del Patrimonio Familiar sirve al establecimiento de un nuevo ordenamiento jurídico de la tierra, que enlaza con la antigua concepción germana del Derecho. Pero, al mismo tiempo, reconoce los principios de la propiedad privada, responsabilidad y esfuerzo personal. Por esta Ley se liberó la propiedad campesina de la economía capitalista del dinero, ya que ella no es enajenable, no puede constituir garantía de préstamo y se hereda pro indiviso.

4- Ley sobre reglamentación del Mercado agrícola. Finales del año 1933
Sin embargo las leyes anteriores no hubieran podido solucionar el problema sin esta ley esencial que rompe con el sentido de mercado global y de liberalismo económico, sin caer en el comunismo ni utopías igualitarias.
La norma trataba de establecer varios puntos fundamentales:
-     Definir unos precios razonables y justos a la alimentación básica. No se aceptaba la ley del mercado, sino una adecuada proporción entre el coste de producción, con un beneficio razonable. No se trata de fijar precios subvencionados ni hacerlo con todo tipo de productos. Como dijo Hitler ‘no importa el precio del caviar sino el del pan’.
-    No se podía especular en bolsa sobre productos agrícolas básicos.
-    Estabilidad de los precios (fueron casi estables por ejemplo los del pan, leche, mantequilla, etc en todo el periodo 33 a 39.
-    Fomento de la producción según la necesidad de consumo. Frente a la idea de mercado libre, se efectuaron Planes anuales para fijar que necesidades había (de consumo interno y de exportación) de productos básicos de alimentación, y así hacer que la producción no fuera ni excesiva ni insuficiente.

Al regular un precio de distribución razonable, con una ganancia lógica, se evitaba la especulación de la distribución actual, donde el agricultor gana menos que el distribuidor, habiendo él efectuado el trabajo y sufrido el riesgo del tiempo, etc….
En cambio no se daban subvenciones gratuitas, globales ni falsas, sino que se garantizaba un precio justo. Hoy el sistema capitalista global hace que los precios sean infames, por debajo del de producción a menudo, y para evitar protestas se dan unas subvenciones que son meros ‘regalos’ sin objetivo real de producción o de inserción campesina, solo de ‘cobrar y no alborotar’, subvenciones que van desapareciendo a medida que se tiene menos ‘miedo’ de la reacción campesina.

5- Ley de reglamentación de las deudas y eliminar el embargo de los productos agrícolas.
El gran mal del campesinado ha sido el endeudamiento de la tierra. Cientos de miles de campesinos americanos USA fueron expropiados de sus tierras en la crisis del 29 debido a no poder pagar deudas avaladas por la tierra. En Alemania pasaba algo similar antes de 1930.
La ley nacionalsocialista prohibió endeudarse con la tierra y negó el embargo de la tierra por deudas. Las deudas deben pagarse pero no quitando la tierra al campesino.
El nuevo campesino sólo debía de satisfacer una “renta soportable‟, que se fija por peritos y que impide todo endeudamiento excesivo, cosa esta última que ocurría con demasiada frecuencia en los años anteriores a 1933.
Si antes era posible siempre que aquél que poseía dinero comprase una granja, aunque careciese en absoluto de las condiciones técnicas y humanas necesarias para ser campesino, el III Reich no permitió la compra de granjas si el comprador no pasaba un examen de aptitud para ser campesino y trabajaba luego la tierra. Toda especulación sobre la tierra desapareció.

El Reichsnährstand (RNST) fue una organización corporativa encargada de la políticas y la economía agrícolas integrante del Estado alemán entre 1933 y 1945, que fue instituida como una entidad derecho público con autonomía administrativa que contaba con estatutos, derecho presupuestario y fiscal y cuerpo funcionarial propios, y cuyo primer director fue Walther Darré, y se ocupaba de controlar estas disposiciones, asegurarse de que eran empleadas correctamente y estudiar los casos especiales que siempre se presentan en leyes general.

LA POLITICA DE AYUDA AL CAMPESINADO

Mientras que las leyes y normas indicadas anteriormente regulaban ya un campesinado posible y razonable, además se establecieron una serie de políticas de ayuda especial al campesinado, al considerar que atraer población al campo era no solo un tema económico sino una voluntad nacional de arraigo.
Veamos algunas de ellas, también hoy todas ellas impensables en el sistema capitalista y/o ’progresista-marxista’ actual.

1- Préstamos y cancelación de deuda:
Para suplir la imposibilidad de hipotecar las tierras, se establecieron créditos al agricultor (efectuados por el Estado a bajísimo interés, al no tener el III Reich el problema de los intereses usurarios de generación de crédito que hay hoy en día). Los campesinos podían endeudarse pero con un plan claro de poder devolver el préstamo con su trabajo.
De todas formas se establecían una serie de cancelaciones de la deuda:
Por ejemplo en caso de matrimonio campesino. Cuando uno de los cónyuges, antes de haber contraído matrimonio había trabajado por lo menos cinco años sin interrupción en la agricultura, explotaciones forestales o como artesano rural y también uno de ellos, por lo menos, permanecía después de contraído el matrimonio en la agricultura, quedaba aplazado el pago del préstamo mientras éste trabaje en ella. Y después de diez años se consideraba cancelado.
Diversas soluciones de este tipo permitían créditos sin usura ni agobio.
Por supuesto el trabajo del campesino permitía generar impuestos y rendimientos que al Estado le permitían anular esa deuda-crédito concedido, no creándose la situación actual de déficit continuo y aumento imparable de la deuda.

2- El Año Obligatorio
Dado que en el Nacionalsocialismo la idea de servicio a la Comunidad es esencial, no solo se estableció, como veremos, el Servicio del Trabajo en 1 de Mayo 1933, sino que se creó el servicio del ‘Año Obligatorio’ exigido antes de tener derecho a buscar trabajo, y para todas las clases sociales de forma igualitaria.
En las mujeres se asignó especialmente la ayuda al campesinado y a las madres campesinas sobrecargadas de trabajo en casa, hijos y tierras, o a personas mayores enfermas.
Mientras en las ciudades se establecía la ‘Ayuda vecinal’, en el campo no solo ayudaban sino que aprendía a conocer y amar la tierra y las gentes campesinas.
La idea no era solo ayudar, sino lograr que el campesinado y el trabajo del campo no fuera ignorado, cuando no objeto de burla e ironía, en un desprecio de los ciudadanos al campo como algo hostil y extraño a su ser, y más entre los jóvenes de clases altas, que nunca se han ensuciado las manos en el barro y las cosechas.
Este antagonismo es, en cierto modo, la expresión de la antigua lucha de clases y tenía que ser superado por la unidad y colaboración de toda la Comunidad.

3- El Servicio de Trabajo
Con la toma del poder por Adolf Hitler se promulgó el 1 de mayo de 1933 la reconstrucción del Servicio del Trabajo como un Deber.
En lo que concierne al tipo de trabajo a realizar se indicó que fuera de utilidad pública –por consiguiente que no esté enfocado al beneficio privado– complementario, es decir, un trabajo que no se haga ya por medios profesionales rentables, que tenga unos fundamentos económicos y, si es posible, que tenga valor desde el punto de vista de la economía comunitaria.
Durante el Servicio de Trabajo no debe existir ninguna relación laboral económica entre el responsable del trabajo y los trabajadores, no hay ‘explotación’ de los trabajadores en este Servicio..
Por supuesto también debían realizar el servicio jóvenes de «clases más favorecidas». Esto significaba que las ideas que se habían formado en silencio entre los nacionalsocialistas relativas al concepto de servicio de trabajo hacían su aparición.
Se pasaba de la idea de «uso para desempleados» que tenía el capitalismo a una «idea de servicio» para el pueblo general de todos.
Este Servicio de Trabajo fue especialmente dedicado al campo, con una orientación exclusivamente agrícola, que también persiguía el objetivo, en estrecha colaboración con las comunidades campesinas, de remediar la escasez de personal auxiliar agrícola y lograr que el trabajador procedente de la industria, mediante el reciclaje y el estímulo, consiga adaptarse y eventualmente permanezca con posterioridad en la agricultura.
Asimismo constituyó un desahogo esencial para la agricultura el empleo del Servicio de Trabajo en la roturación de los campos y recolección de las cosechas en temporadas en que se precisa un trabajo extra urgente.
En 1934 el ‘Servicio del Campo’ de la Hitler Jugend con juvenil arrojo instó a la juventud para que se pusiera a disposición por un cierto tiempo para el trabajo agrícola, en la mayoría de los casos por un año.
Es muy interesante comprobar que hoy en día los llamados socialistas, comunistas y progresistas están totalmente contra crear un Servicio de Trabajo obligado, quitaron el servicio militar pero no querían saber nada de ‘trabajar’ por la comunidad’ gratuitamente, mostrando su mentalidad egoísta, demagógica y capitalista.

4- Servicio Voluntario de estudiantes.
La organización femenina del NSDAP organizó a decenas de miles de estudiante que fueron voluntarios a trabajos de ayuda a madres campesinas, en el periodo de verano vacacional en las escuelas y universidades.
Cuidados de la madre y el lactante, gestión del hogar, cuidado de recién nacidos y niños. Visitas a enfermos y hacer/dar la comida a los enfermos. Colaboración para que mujeres campesinas pudieran hacer los viajes de descanso a cargo del ‘Servicio Vacacional’. Asistencia continuada a las madres que han regresado de dar a luz o de una enfermedad seria.
Es la organización «Trabajo de Ayuda a la Madre y el Hijo», de trabajo voluntario. Para tener una idea en 1938 el personal de ayuda colocado al mes ascendió a más de 6.000 personas/mes, y en 1939 fueron más de 7.000/mes.

5- Estudio de Economía Doméstica campesina.
Esta fue una propuesta muy curiosa. Se seleccionaron en toda Alemania, en las diversas partes campesinas que hay, muy diversas entre sí a veces, unos cientos de familias estándar-medias campesinas. Por supuesto la participación era voluntaria.
La condición es que la familia estuviera compuesta al menos por cuatro miembros y tuviera unos ingresos brutos bajos. Se les daba un libro de gastos, que contiene junto a las entradas y gastos, que se apuntan diariamente, el menú de todas las comidas del día. También se anotan las comidas en cantinas, las meriendas escolares de los niños, etc.
De esta forma se ve que tipo de necesidades tienen las familias campesinas de alimentación, de gastos y estrecheces.
Además sirvió para ver que alimentos deben fomentarse más, como las hortalizas y verduras que se desatendían mucho, mientras eran de mucha y fácil producción en Alemania.

6- Creación de colonias: decreto 29 marzo 1934.
Mientras en la época capitalista de Weimar, y ahora en nuestro tiempo aun más, hubo una extraordinaria emigración rural a las barriadas de la ciudad, cuyo motivo era con frecuencia que el trabajador agrícola comparaba su mala situación social con la mejor del trabajador de la ciudad, o por las expropiaciones de tierras por deudas usurarias, en el III Reich se logró invertir esta situación.
Uno de los medios fue la creación de Colonias Agrícolas nuevas. Se daba terreno y casa a colonos agrícolas nuevos. Era para parados jóvenes y con familia. Se les formaba en el nuevo trabajo, se les dotaba de herramientas necesarias.
Debían ser construidas en un lugar que garantizara la vida permanente del colono, por el tipo de tierra o su extensión. .
El Servicio del trabajo preparaba esas colonias nuevas y sus tierras. Las casas debían ser construidas de forma tradicional, no en pisos ni en forma barata pero incómoda, las nuevas construcciones rurales se adaptaban al estilo del paisaje.
Este sistema permitió a cientos de miles de parados ir a trabajar de nuevo a al campo.

7- Protección de la vida cultural campesina.
Para evitar la queja de la falta de vida cultural campesina se establecieron dos medidas esenciales:
-    El fomento de actividades comunitarias, como el canto y la danza, la tertulia y las noches en común. Fiestas y concursos. Ejemplo fue el ‘Día del Campesino’ o la proliferación de actos culturales efectuados por los propios campesinos.
-    Todas las compañías de teatro, música, etc que reciban subvenciones del estado debían obligatoriamente realizar parte de sus actividades en zonas campesinas. Dado que casi todas las compañías culturales hoy en día están subvencionadas, esto solo serviría para llevar la cultura al campo.

NI AUTARQUIA NI GLOBALIZAICON

Hay la falsa idea de que se tendía a un sistema ‘autárquico’ en el III Reich.
Esto es absurdo cuando Alemania fue en esa época una exportadora masiva de técnica y maquinaria.
Pero sin duda tampoco se deseaba una globalización absurda e injusta, y mucho menos en el tema de la alimentación del pueblo.
Se buscaba un Comercio Justo, equilibrado donde se pudiera, y en alimentación la autarquía en los productos básicos si es posible, para asegurar una alimentación correcta, sin deudas ni problemas.
Pero desde luego se desea un comercio internacional fuerte y amplio. No bajo dumping de salarios ínfimos, ni bajo explotación de recursos en países pobres a precios ruinosos o bajo corrupción gubernamental.
En todo caso en alimentación tampoco se iba a una autarquía total, sino solo en productos esenciales para la alimentación del pueblo.

Como podemos comprobar muchas de estas medidas son hoy las necesarias, y una vez más el Nacionalsocialismo no es una ‘política’ del pasado sino la solución del futuro si queremos eliminar la usura, la deuda y el capitalismo, sin caer en demagogias ni utopías.


La Compasion Hacia los Animales Frente al Animalismo Moderno

LA COMPASIÓN HACIA LOS ANIMALES
FRENTE AL ANIMALISMO MODERNO



Pareciera que todo lo que en nuestros días es llamado “anti-sistema” estuviera relacionado con un neohippismo recalcitrante que no deja margen de maniobrabilidad para personas decentes que tengan esta misma visión ideológica. Así pues, se ha vuelto excusa que hay que consumir todas las drogas posibles pues como “el estado reprime” y no te permite “ser libre” entonces ser un drogadicto (o alcohólico) de tiempo completo es la forma de rebelarse ante esa represión; como la sociedad “te explota y te impone reglas” con sus códigos de vestimenta para ir a trabajar y cumplir horarios, entonces vestirse como un andrajoso y ser un vago de tiempo completo es la mejor forma de rebelarse y así muchos ejemplos más.
Infortunadamente, este mismo pensamiento y “forma de vida” se ha enquistado entre el gremio de los “ecologistas/animalistas” como si fuera una especie de paquete completo, un triple-play que hay que adquirir en combo para ser un antisistema de verdad-verdad: droga + vegetariano/ecologista/animalista + andrajoso/vago. Yo no asisto a marchas anti-taurinas porque, a pesar de que apoyo la causa, no quiero verme mezclado con los mismos sujetos desagradables que también asisten a las marchas pro-aborto/pro-comunidadgay/anti-militares, etc… Sin embargo, y es curioso, tampoco veo a muchos “camaradas” pronunciarse de manera efectiva a favor de los animales o en contra de su maltrato; a veces pareciera que por el lado fascistoide también se cumpliera lo del combo triple-play tipo american redneck: anticomunista + separatista/xenófobo + cazador de pavos/alces/ciervos/palomas con rifles ridículamente avanzados/coleccionista de perros de pelea. Por supuesto, también conozco el caso de aquellos que son vegetarianos éticos, ayudan animales en condiciones de desventaja y son decentes como personas, afortunadamente; pero creo que son minoría.
Cuando un comportamiento que debería ser normal empieza a volverse moda, definitivamente es porque estamos llegando al borde del abismo como sociedad, y mucho más enfermo es cuando una aberración logra el mismo estatus. Ahora es “moda” tener un gato como mascota, cuando antes era común ver a la gente perseguirlos con escobas como si fueran ratas y ni qué hablar de las formas atroces de torturarlos que aun hoy muchos enfermos practican no solo contra ellos sino contra perros y otras especies. Es positivo, por supuesto, pero es triste que adopten al animal para ponerlo como un objeto decorador en vez de verlo como un gesto humanitario ante un ser en desventaja y qué desconsolador es ver cómo estos mismos infames que alguna vez acogieron a un animal en su hogar, no tienen el corazón para ir a un sector apartado a abandonarlo y dejarlo a su merced cuando ya el animal está condicionado a vivir protegido y ha perdido muchos de sus instintos que le permitirían defenderse mejor ante la adversidad; así es el talante de muchos de estos neoanimalistas, de estos ecologistas urbanos de fin de semana.
Por el lado de los predicadores del amor y las buenas costumbres tampoco escampa. Las fiestas del santoral en las que se usa animales como diversión tirándolos desde una torre, prendiendo sus cachos en fuego, lanzándoles dardos y patadas, colgándose del cuello de un ganso hasta ahorcarlo (todo esto puede verse en el documental “To love or to kill: man vs Animal” que tuve el infortunio de ver hace casi 10 años ya) muestran ese desprecio hacia los animales como seres inferiores, seres al servicio y para el uso del hombre; irónicamente, algunas de estas horribles prácticas se realizan en honor a San Francisco de Asís, el amigo de los animales. Ahora bien, no pretendo inducir al error (en el cual caí alguna vez pero salí gracias a Korand Lorenz) de pensar que somos “inferiores” a los animales, que nuestra especie debe desaparecer ni ese tipo de ideas. Ni siquiera soy capaz de adoptar la idea budista de que “toda vida debe ser respetada” pues aún asesino zancudos y jejenes sin misericordia cada vez que se vienen a ocuparse de mi sangre y el mismo odio lo dirijo hacia las cucarachas, especialmente las de alcantarilla, rojizas y regordetas de comer porquerías urbanas; creo ante todo que debemos ser fieles a nuestra especie y mucho más a nuestra raza a pesar de que haya tantos (demasiados, quizás) de los nuestros que no merezcan siquiera el más mínimo respeto. Sin embargo, es innegable que necesitamos un equilibrio, una forma de llevarnos bien con los animales sin caer en fundamentalismos de veganos-nueva-era ni en un laxismo total hacia su abandono y su maltrato. Al respecto dice Lorenz: “…la compasión por seres vivientes que no pertenecen a la propia especie es exclusiva del hombre… El amor entre seres vivientes es una emoción importante e insustituible. En suma, es la que impone al hombre imperante la responsabilidad por la vida en nuestro planeta.” Necesitamos pues, más compasión en el sentido de que a partir de este sentimiento podemos ayudar a los indefensos. Sin embargo, también es muy claro al afirmar: “Aunque sea muy importante despertar en el hombre esa compasión por todo cuanto convive con él en la corteza terrestre, y aunque la compasión sea inalienable al amor a lo viviente, es preciso trazar una limpia divisoria entre los sentimientos que nos inspiran animales y hombres.”
Admiro y respeto a quienes optan por el vegetarianismo ético y lo practican sin mirar con desprecio a quienes consumen carne. Creo que es posible ser carnívoro y a la vez proteger o ayudar a un animal siempre que pueda, lo que critico de comer carne es el hecho de hacerlo buscando placer en el mero acto de consumirla, lo que en cristiano creo que equivaldría a comer por gula; ahí está el punto: empezar a abandonar ese cruel hábito de matar para divertirse.
Me siento afortunado en cierta forma de vivir en una ciudad donde, paulatinamente, se ha inculcado el respeto y la protección de los animales y donde incluso se destinan recursos públicos para lograr este objetivo. Aun así, se ven casos infortunados de quienes al parecer no entienden o no quieren entender lo sencillo que es pensar de esta forma. No es necesario caer presa del sentimiento enfermizo de vivir pensando en el sufrimiento de tantos animales por los cuales poco o nada podemos hacer hasta llegar al punto de caer en el acaparamiento de animales, situación que puede llegar incluso a ser peor que si los dejáramos simplemente seguir en las calles, pero sí podemos experimentar un poco de compasión hacia ellos y ayudarlos cuando podamos. No soy cristiano, pero creo el ejemplo de un Francisco de Asís respecto a su trato y amor por los animales aún sigue vigente tanto para ateos/agnósticos como para cristianos por igual, pues, cerrando con palabras de Lorenz: “La inhibición, el mirar hacia otro lado ante los sufrimientos de los animales, entraña el peligro de llegar a convertirse en un hábito.”

*Citas tomadas de "Decadencia de lo humano", Lorenz, Konrad. Ed. Plaza y Janés

Alexandre, Colombia.

Salvar al Soldado Waters-Santos Bernardo

SALVAR AL SOLDADO WATERS
Por Santos Bernardo



En su día, al leer las frases de despedida que los condenados en Núremberg pronunciaron ante el patíbulo, me impactaron de tal forma que no he podido ni querido olvidarlas. Entre ellas están las del mariscal Keitel, que tras recordar a los más de dos millones de compatriotas caídos antes que él, concluyó de forma concisa, emotiva e ilustrativa: “Sigo a mis hijos”.
Se refería al segundo de sus hijos varones, Ernst Wilhelm Keitel, comandante del ejército dado por desaparecido y presumiblemente muerto en los días finales de la contienda. En 1954 su familia tuvo noticias de que seguía vivo en el cautiverio ruso, algo que su padre nunca llegó a saber. Maltratado por sus captores, perdió ambas piernas y fue uno de los últimos repatriados de los campos soviéticos, no regresando a la patria hasta 1956 (1).
También al más pequeño de sus hijos, Hans-Georg, de quien por desgracia no le cabía duda alguna acerca de su fallecimiento. Nacido en 1919, había seguido la carrera militar de su padre y participado en la guerra desde su inicio. Como joven alférez de una unidad de artillería motorizada, cayó en acto de servicio al poco de iniciada la campaña rusa, el 18 de julio de 1941(2).
Recientemente he leído las muy interesantes memorias que el mariscal escribió en su celda de Núremberg, y en ellas puede intuirse que su hijo pequeño, cuando no su favorito, sí era al que más cariño tenía. Por desgracia el editor ha omitido numerosos pasajes personales –sus orígenes agrícolas, su pasión por la finca paterna, la rehabilitación de la capilla familiar, etc.- que por más que no tengan interés político o militar, nos posibilitarían apreciar al personaje en su integridad. Entre éstos están igualmente algunos de índole estrictamente familiar, de los que sólo podemos hacernos una idea a través de los breves comentarios del editor. No obstante figuran en la edición unos pocos relativos a Hans-Georg que merece la pena reproducir, como por ejemplo éste que nos aporta una pincelada acerca de su personalidad:
«En la Pascua de 1938 Hans-Georg superó sus exámenes finales con brillantes notas, pero sus profesores apreciaron su carácter y su conducta más elevadamente que sus conocimientos de las lenguas clásicas, uno de sus mayores puntos débiles. Cuando decidió dejar el hogar para convertirse en soldado, mi esposa lo tuvo muy duro; ahora estaba sola la mayor parte del día, pues nuestras dos hijas tenían ambas sus propias carreras»(3).
Prueba del orgullo y afecto que Keitel sentía hacia el menor de sus hijos nos la proporciona el hecho de que aun cuando irrelevantes en el marco de la gran conflagración, saca tiempo para relatar la participación de éste como suboficial en la campaña polaca y también en la francesa, en la que resultó gravemente herido, pasajes que por desgracia han sido igualmente omitidos. No me consta por el contrario, si bien disto de poderlo asegurar, que hiciera otro tanto con el destino militar de sus otros dos hijos, ambos oficiales y el mayor de ellos casado con la hija del que fuera ministro del Reich mariscal Werner von Blomberg.
Por fortuna el editor sí ha respetado la parte en la que Keitel recoge la muerte de Hans-Georg:
«A comienzos de junio de 1941, a mi regreso a Berlín, encontré allí a Hans-Georg en nuestro hogar. Su herida en el muslo había sanado por completo, pero a consecuencia de las muchas operaciones en los músculos y tendones, cabalgar le suponía una agonía. Por ello le di finalmente permiso para ser transferido de su regimiento de Halberstadt al 29 regimiento de artillería motorizada, que pertenecía a la 29 división. Era justo lo que él siempre había soñado, estar en una unidad motorizada, con su moderna caballería de combate. Sonriendo de felicidad dejó el hogar una vez más, pues su regimiento lo requería con urgencia. Tras despedirse de su madre y hermanas, que imaginaban tan poco como él mismo lo que tenía por delante [KEITEL SE REFIERE AQUÍ A LA INMINENTE CAMPAÑA DE RUSIA –NOTA DE S.B], le acompañé hasta la puerta y con el corazón en un puño me despedí de él. Le dije: “Que Dios te acompañe. Sé valiente, pero no seas inconsciente o temerario a menos que no te quede más remedio”. Probablemente no me entendió, pero me abrazó brevemente y descendió felizmente las escaleras hasta la calle con su maleta, su rifle y el resto del equipo. Cuando volví al salón mi esposa dijo: “¡Cuán serio y diferente has estado con él! ¿Qué es lo que pasa?”. Por supuesto había sido incapaz de engañar la delicada percepción de una madre. Evité darle una respuesta directa, y murmuré algo acerca de haberle advertido que tuviera cuidado con su pierna.
«Con toda dureza cayó el golpe al llegar la noticia de que en fecha tan temprana como el 18 de julio había muerto en un hospital de campaña de las heridas recibidas el día anterior, durante un ataque aéreo ruso. Mi esposa junto al resto de la familia estaba en Helmscherode [LA FINCA AGRÍCOLA DE LA FAMILIA KEITEL EN HANNOVER –NOTA DE S.B.]. ¿Quién iba a decirle que su hijo favorito, por quien tan a menudo se había inquietado, yacía en suelo extranjero a las afueras de Smolensk? Envié al Profesor Nissen [el médico de la familia] a cargo de esta triste misión, pues tenía algunos temores acerca de cómo lo iba a llevar mi esposa con su delicado corazón. Fue entonces cuando descubrí por vez primera cuán fuertes son los corazones de las esposas y madres. La propia condolencia del Führer fue expresada en carta personal a mi esposa; ella estuvo muy agradecida por ello. Dado que tanto mi esposa como yo estábamos en contra de publicar un obituario, el Führer ordenó a la prensa que lo publicara, explicándonos que el pueblo alemán debía saber que los hijos de los generales de alto rango también entregaban sus vidas en el campo de batalla» (4).
Dentro del lógico dramatismo de esta trágica muerte, ciertamente ésta no supone sino una más de las incontables de aquella guerra. Es muy probable que no me hubiera decidido a escribir sobre ella sino fuera por un reciente hallazgo que me movió a hacerlo. Se trata de los diarios de Alfred Rosenberg que el año pasado, a raíz de una operación del FBI, salieron a la luz en los Estados Unidos tras haber sido robados y ocultados por Robert Kempner, fiscal-adjunto del Tribunal Militar Internacional de Núremberg. Su lectura me ha deparado el siguiente pasaje:
«El 18 [de julio de 1941] encuentro de redacción [DE LOS DOCUMENTOS RELATIVOS A SU NOMBRAMIENTO COMO MINISTRO DEL REICH –NOTA DE S.B.] con [Hans] Lammers. Regreso al Cuartel General, donde el Führer recibió a [Adolf] Galland y otros pilotos. A continuación la cena, y seguidamente la firma de mi nombramiento. El Führer se incorpora y estrecha mi mano con las suyas. Yo: “Le agradezco la confianza y le prometo emplear todas mis fuerzas en el desempeño de la misión”.
«Durante los encuentros me di cuenta de la seria actitud de Keitel. De forma ostensible tenía que hacer un esfuerzo para seguir la conversación. Más tarde le pregunté si le había sucedido algo y supe que acababa de perder a su hijo. Cuando le expresé mi pesar no pudo impedir que irrumpieran lágrimas en sus ojos: “Sí, he perdido a mi pequeño, en los panzers. Pese a los muertos no nos queda otra que seguir adelante”» (5).
Mucho más allá de su aspecto sentimental y retornando a su ejecución en Núremberg, es sumamente relevante el hecho de que las últimas palabras de Keitel fueran las de que seguía a sus hijos. Con ello expresaba bien a las claras que su muerte no era consecuencia de las acciones criminales que le achacaban sus verdugos, sino que constituía un tardío acto de la guerra. Tras haber luchado en Núremberg la última de las batallas y defendido una posición perdida de antemano, se erigía en un caído más, presto a reunirse con aquéllos de su estirpe que le habían precedido.
Como máximo responsable de las Fuerzas Armadas tras el propio Hitler, el ejemplo familiar de Keitel no fue en absoluto excepción.
El jefe de la Armada, Karl Dönitz, perdió a sus dos hijos varones. Peter el 19 de mayo de 1943 como oficial del submarino U-954. Klaus el 13 de mayo de 1944 a bordo de la lancha rápida S-141.
Hermann Göring no tuvo sino una hija, y si bien disto de conocer la familia en detalle, una muy somera búsqueda arroja el resultado de que al menos dos de sus sobrinos cayeron en el Frente. Heinz Göring murió el 29 de julio de 1944 en las cercanías de Varsovia, sirviendo como capitán de la división blindada Hermann Göring. Previamente otro sobrino, Peter Göring, perdía la vida el 13 de octubre de 1941 al ser derribado su caza en la Costa del Canal (6). Puesto que la familia Göring era harto numerosa, es bien probable que la luctuosa lista sea más larga.
El único hijo en edad militar de la familia Goebbels, Harald Quandt, sirvió como oficial paracaidista y participó en el asalto aerotransportado de Creta. Fue dado por desaparecido en Italia el 9 de septiembre de 1944 tras resultar gravemente herido. No sería hasta el 16 de noviembre, más de dos meses después, cuando la familia tendría noticias de que se hallaba en un hospital militar aliado, un período de pesarosa incertidumbre que el llamado a ser último canciller del Reich refleja a menudo en su diario.
La familia del propio Hitler, en este caso limitada a sus hermanastros Alois y Angela –su hermana Paula no tuvo descendencia- tampoco fue excepción.
El único hijo del matrimonio de Alois y Hedwig Hitler, Heinz, tras estudiar en la Napola de Ballenstedt im Harz emprendió la carrera militar. Sirvió como suboficial de transmisiones en el regimiento de Artillería nº 23 y fue dado por desaparecido el 10 de enero de 1942 (7).
El único hijo varón del matrimonio de Leo y Angela Raubal, Leo Rudolf Raubal, sirvió como alférez de Ingenieros, quedando su unidad sitiada en Stalingrado. Enterado Hitler de ello, Goebbels nos refiere su reacción:
«[Josef] Bürckel [GAULEITER DEL SARRE –NOTA DE S.B.] ha perdido un hijo en el Frente del Este. El Partido por tanto no sólo participa en la conducción sino también en la ejecución de la guerra. El Führer es de la opinión de que ello es absolutamente necesario. También él mismo tiene un sobrino, el hijo de la señora Raubal, cercado en Stalingrado, y ciertamente sufrirá allí el mismo destino que el resto de sus camaradas» (8).
Con la rendición del VI Ejército Leo Raubal Jr. cayó en manos del enemigo y no fue liberado hasta doce años más tarde.
Éstos son sólo unos breves pero inequívocos apuntes, por más que las películas no se cansen de mostrarnos a las familias de los dirigentes nazis tan amantes de la buena vida como beneficiarias de un régimen corrupto.
Ignoro si en el campo aliado podríamos encontrar ejemplos familiares de igual sacrificio, pero si nos atenemos a lo sucedido con el yerno del general Patton, John K. Waters, podemos intuir el resto.
El teniente-coronel Waters había sido hecho prisionero en febrero de 1943 durante la campaña de Túnez. Internado en un campo de prisioneros de Silesia, en enero de 1945 a raíz del avance soviético había sido trasladado al Oeste, concretamente a Hammelburg. Este campo albergaba originariamente a oficiales del ejército yugoslavo, pero había sido ampliado para acoger tanto a norteamericanos capturados durante la batalla de las Ardenas como a otros trasladados desde el Este.
En marzo de 1945 el general Patton, conocedor de las condiciones cada vez más precarias que prevalecían en los campos alemanes de prisioneros, ideó un raid que debía atravesar las líneas norteamericanas, adentrarse 50 millas en territorio enemigo, liberar el campo de Hammelburg y traer de vuelta a los prisioneros norteamericanos en general, y a su yerno en particular. A tal efecto hizo que un asistente suyo, el comandante Alexander Stiller, participara en la misión al único efecto de reconocer a Waters, con quien había servido.
Al frente de la misión puso al capitán Abraham Baum. El grupo de combate Baum, que superaba los 300 efectivos, agrupaba 16 carros de combate, 28 semiorugas y una veintena de diversos vehículos.
Aunque sobre el papel pudiera parecer un plan temerario, la guerra estaba pronta a tocar a su fin y Alemania se hallaba exhausta y sin recursos. No obstante, lo que parecía iba a ser un paseo triunfal, tornó en una muestra de lo que los adolescentes y reservistas de Hitler podían lograr cuando no se enfrentaban a un enemigo aplastantemente superior.
Al anochecer del 26 de marzo el denominado Task Force Baum inició su intento de atravesar las líneas alemanas en dirección a Hammelburg. La ruptura no fue tan fácil como se preveía, y además de unos pocos tanques se perdió un tiempo precioso. Tras contraer nuevas bajas, en las primeras horas de la tarde la fuerza norteamericana llegó al campo de prisioneros, siendo recibida con inesperada resistencia. Sin medios con los que enfrentarse a una fuerza blindada, el comandante del campo solicitó una tregua enviando como mediador a un pequeño grupo en el que se encontraba el propio yerno de Patton. Un guardia alemán, en desconocimiento o en desacuerdo con tal negociación, disparó e hirió gravemente a Waters, quien fue operado de urgencia por el cirujano-jefe del ejército yugoslavo. Como si del argumento de una ópera bufa se tratara, lejos de rescatarle la intentona de Patton cerca estuvo de costarle la vida (días más tarde sería liberado en un hospital de campaña).
Una vez ocupado el campo, la cruda realidad era la de que el grupo Baum carecía de vehículos suficientes para traer de vuelta a los aproximadamente seis mil prisioneros norteamericanos, por lo que se seleccionaron 200, en su mayoría oficiales. El resto podía intentar atravesar por su cuenta las 50 millas que les separaban de sus compañeros de armas, pero la inmensa mayoría declinó pues se hallaba debilitada por la desnutrición.
El nocturno regreso fue aún más infernal que la ida. Al llegar a la población de Höllring, el Sherman que lideraba la columna fue neutralizado por el certero disparo de un panzerfaust. Los alemanes se apoderaron del tanque, lo ocultaron en un jardín cercano y respondieron en inglés a los requerimientos de los demás Sherman, atrayéndolos hacia sí. Otros cuatro Shermans fueron puestos fuera de combate.
En vista de la creciente oposición, se decidió que los recién liberados prisioneros regresaran al campo por sus propios medios, pues lo más probable es que perecieran en el intento de atravesar las líneas alemanas. Tras un último y fallido intento desesperado, el capitán Baum dio la orden de que cada uno procurara salvarse como pudiera. Él mismo resultó herido y capturado. Además de perder todos sus vehículos, de la fuerza inicial sólo una décima parte logró regresar. El resto fue hecho prisionero, a excepción de una treintena de sus miembros que ignorantes entregaron su vida por el bienestar de la familia Patton.
En el mejor estilo de las democracias parlamentarias, nadie asumió la responsabilidad del sangriento fiasco y sólo los soldados muertos, heridos y/o hechos prisioneros pagaron por ello. Patton afirmó desconocer que su yerno se hallaba en Hammelburg, lo que además de ser refutado por diversos testimonios y otras evidencias, ha quedado ignominiosamente desmentido por una carta enviada a su esposa el 23 de marzo, en la que le daba cuenta de su intención de rescatar a Waters (9).
Lo anterior no es sino un breve resumen de una acción que bien podría dar pie a una trepidante superproducción cinematográfica, pero “Salvar al soldado Waters” jamás encontrará a un Spielberg que la produzca y dirija.
Por desgracia para éste y sus adláteres, no hay constancia de que alguna columna blindada hitleriana fuera sacrificada en pro de la familia de algún gerifalte del Tercer Reich, y para colmo aniquilada por los restos de un ejército sin facultad ni esperanza. Mas no por ello hay que desesperar, pues lo que la historia deniega la televisión lo concede.

NOTAS:
(1)- La noticia del regreso del hijo de Keitel fue recogida en el periódico “Das Ostpreussenblatt” el 21 de enero de 1956 (concretamente en su página tercera, en el artículo que lleva por título “Alle nicht Amnestierten heimgekehrt” –“No todos los amnistiados han regresado”).
Una reproducción de dicho ejemplar puede ser consultada en internet:
http://archiv.preussische-allgemeine.de/1956/1956_01_21_03.pdf
(2)- Únicamente el mayor de los hijos varones de Keitel, Karl-Heinz, Sturmbannführer de las Waffen-SS, sobrevivió a la guerra.
(3)- “In the service of the Reich. The memoirs of Field-Marshal Keitel”. Edición de Walter Görlitz traducida por David Irving. Focal Point Publications. Londres, 2003. Pág. 87..- “In the service of the Reich. The memoirs of Field-Marshal Keitel”. Edición de Walter Görlitz traducida por David Irving. Focal Point Publications. Londres, 2003. Pág. 179.
(4)- Alfred-Rosenberg-Diary.pdf. Pág. 114 (apunte del 20 de julio de 1941).
Los diarios de Rosenberg se hallan irónicamente depositados en el Museo del Holocausto de Washington. La ironía no se debe tanto al hecho de que estén custodiados por los herederos intelectuales de sus archienemigos, sino por el dudoso papel jugado por dicha institución durante la delictiva y rocambolesca desaparición de los mismos (ver al respecto mi trabajo „El escándalo de los diarios de Rosenberg“).
Los diarios pueden ser consultados en la página web del Museo del Holocausto, aun cuando con la excusa de mostrarlos tal cual son, su lectura resulta algo así como una carrera de obstáculos. Tal vez en razón a que éstos no hagan la más mínima referencia al objeto mismo del museo (si como tal entendemos exterminios, cámaras de gas o matanzas).
Una compilación apta para su lectura se halla, entre otras, en la web del historiador británico David Irving (www.fpp.co.uk), la cual es la aquí utilizada.
(5)- El por entonces as de la Luftwaffe y posterior jefe de la aviación de caza, Adolf Galland, fue testigo de ello y lo relata en su libro “Los primeros y los últimos” (Luis de Caralt; Barcelona, 1974; pág. 132).
(6)- Wolfgang Zdral: “Die Hitlers”. Verlasgsgruppe Lubbe. Bergisch Gladbach, 2008. Pág. 140-5.
(7)- Die Tagebücher von Joseph Goebbels. Editados por Elke Fröhlich y el Instituto de Historia Contemporánea. K.G. Saur Verlag. Múnich, 1993. Parte II, tomo VII. Pág. 179 (apunte del 23 de enero de 1943).
(8).- Die Tagebücher von Joseph Goebbels. Editados por Elke Fröhlich y el Instituto de Historia Contemporánea. K.G. Saur Verlag. Múnich, 1993. Parte II, tomo VII. Pág. 179 (apunte del 23 de enero de 1943).
(9)- Aun cuando la Task Force Baum constituye una de las páginas menos gloriosas de la historia del ejército de los Estados Unidos, existe abundante información al respecto incluido un libro escrito por el propio Baum: “Raid!: The Untold Story of Patton's Secret Mission”. Dell Publishing. Nueva York, 2000.
En la red, además de la omnipresente Wikipedia, hay diversos artículos que tratan la operación en detalle. Uno de los más completos es el escrito por el investigador Richard Whitaker y publicado en la revista “Armor” en su número de septiembre/octubre de 1996, “Task Force Baum and the Hammelburg raid”:
http://www.benning.army.mil/armor/eARMOR/content/issues/1996/SEP_OCT/ArmorSeptemberOctober1996web.pdf

martes, 12 de mayo de 2015

La Desnazificacion: Las torturas y represión democrática

LA ‘DESNAZIFICACION’:
Las torturas y represión democrática


Tras la contienda, los aliados cargaron contra los alemanes obligándoles a pasar absurdos cuestionarios, matándoles de hambre, robando su arte y violando a la población femenina, aparte de matanzas indiscriminadas en todos los países contra los que habían apoyado al III Reich, y a una limpieza étnica genocida en Silesia y Pomerania.

En Mayo de 1945. Se conquista  Berlín y Alemania se rinde sin condiciones. Hitler se suicida antes de caer en manos del enemigo, ya sabía cómo las gastaba por lo que habían hecho en Italia con Mussolini. No quiero pensar lo que hubieran hecho los soviéticos con Hitler si lo cogen vivo.
Es un momento de júbilo para los comunistas y sionistas pero no para los alemanes que iban a ser teóricamente «liberados».
Los aliados comenzaron en el país un proceso de «desnazificación» de la población civil mediante el que se pretendía procesar a todos aquellos que tuvieran relación con el Führer. Esta caza de brujas estuvo protagonizada por el llamado «fragebogen» -un absurdo test con decenas de preguntas mediante cuyas respuestas, presuntamente, se lograba adivinar si una persona había sido o no seguidora de Hitler-. Pero además hubo todo tipo de torturas y violaciones.

La venganza tras la guerra

Los ciudadanos alemanes sufrieron multitud de represalias por parte de americanos y rusos tras la contienda. Los americanos, concretamente, se vanagloriaron durante años de haber dejado de aprovisionar en lo que a alimentos se refiere a una población sin capacidad económica. El resultado fue la sucesión de una serie de severas hambrunas que diezmaron a los ciudadanos germanos. Un genocidio premeditado.
El patrimonio cultural tampoco evitó las represalias, pues miles de obras de arte alemanas fueron transportadas a Estados Unidos y la Unión Soviética para ser exhibidas como un trofeo ante sus conciudadanos.

Por parte soviética y los comunistas polacos, las tropas llegaron a violar a miles y miles de las mujeres alemanas después de la caída de Berlín. «Personalmente lo que más me ha llamado la atención por su barbarie es la violencia sexual que se produjo contra las alemanas tras la guerra. El abuso sobre los débiles es incomprensible, el saqueo mal está –no lo justifico- pero en el caso de las violaciones no tiene nombre lo sucedido», », explica, en declaraciones a ABC, el escritor y periodista Alberto de Frutos (autor de «Tiempos y costumbres»).
Pero… ¿Por qué se permitieron todas estas vejaciones?. Porque se hacen en nombre de la democracia y contra el ‘fascismo’. La historia la escriben los vencedores, y con la excusa de ‘acabar con el fascismo’ se justifica, aun ahora, toda violencia y crimen.
Por parte de los soviéticos y comunistas las torturas y crímenes eran normales en todas sus actuaciones, ya lo habían hecho con los polacos (no solo en Katyn), y con los Ukranianos o bálticos, cosacos, en fin con todo pueblo que se resistió un poco. Ya habían masacrado a millones de rusos con la llegada del comunismo, y enviaron a morir de frio y hambre a Siberia al 90% de los prisioneros de guerra alemanes.

La crueldad de los libertadores americanos

¿En qué consistía el proceso de «desnazificación»?
La Junta de Jefes de Estado Mayor estadounidense elaboró, con el beneplácito de Roosevelt (uno de los adalides de la democracia), un plan para acabar con la ideología nacionalsocialista. Este se basaba, principalmente, en directiva JCS 1067, en cuyo clausula nº 6 se especificaba que había que extirpar –una vez acabada la contienda- costara lo que costase estas ideas del pueblo alemán.
«Concebida con el deseo de imponer una paz punitiva, la JCS 1607 […] consistía en derribar más que en reconstruir, y en ayudar a los alemanes sólo cuando fuera necesario para evitar enfermedades o desórdenes. La directiva JCS 1607 fue responsable del inhumano planteamiento de los estadounidenses. […]
Así pues, los estadounidenses establecieron que desmilitarizarían, «desnazificarían» y eliminarían los recursos económicos de Alemania para evitar que un suceso como la Segunda Guerra Mundial volviera a acontecer. Solo tras sus crímenes en 1946 y 47, cambió algo la situación cuando el peligro comunista exigió contar con la base de Alemania para la defensa.
Todo ello, partiendo de la base de que el pueblo alemán era culpable de la irrupción del nazismo en Europa. «La JCS 1607, con base en los puntos de vista de, entre otros, Henry Morgenthau –el secretario del tesoro de los Estados Unidos- recomendaba que: “Debería dejar claro a los alemanes que la fanática resistencia nazi han destruido la economía alemana y han convertido el caos y el sufrimiento en inevitables, y que los alemanes no pueden escapar a la responsabilidad que ellos mismos se han buscado. Alemania no será ocupada con el propósito de la liberación, sino como una nación enemiga derrotada”», explica, en este caso, el historiador británico Tony Judt en su obra «Postguerra. Una historia de Europa desde 1945».

 

«Fragebogen», el primer paso

Así pues, con la idea de buscar revancha, Estados Unidos comenzó su «desnazificación». Como se estableció, el primer paso era encontrar y procesar a todo aquel que hubiese tenido algo que ver con el III Reich, algo extremadamente arduo. Sin embargo, varios expertos del país ofrecieron a los mandos militares una fórmula mágica para realizar esta tarea: podrían distinguir el grano alemán de la paja nazi haciendo pasar a todo aquel sospechoso un test o «fragebogen». Este documento era un cuestionario con decenas y decenas de extrañas preguntas (algunas muy sutiles y otras no tanto) que, según creían los expertos norteamericanos, desvelarían quiénes habían sido seguidores del Führer.
«Se imprimieron nada menos que trece millones de formularios, que fueron entregados a quienes tenían un pasado turbio o a alemanes que buscaban empleo. La cifra correspondía aproximadamente a la del número de los “miembros del Partido”. […]. Un alemán no podía volver a la vida normal mientras su cuestionario, debidamente cumplimentado, no hubiese sido entregado y comprobado. Hasta entonces se hallaba en una especie de purgatorio que lo dejaba fuera de la ley. Si uno quería seguir adelante, tenía que afrontar la inquisición y rellenar el formulario con sus preguntas “a veces estúpidas”».
De esta forma, no rellenarlo podía significar quedarse sin trabajo y sin los deseados cupones de racionamiento de comida entregados por los americanos (absolutamente necesarios en aquellos tiempos, pues la economía de Alemania había quedado tan mermada que era extremadamente difícil encontrar algo que llevarse al estómago). Por el contrario, si el afectado respondía de forma que los mandos aliados consideraran sospechosa, podía ser enviado a uno de los nuevos campos de concentración (y exterminio por hambre) establecidos por los libertadores.

Las preguntas

El «fragebogen» constaba de 12 páginas y entre 133 y 150 preguntas (dependiendo de la fuente histórica a la que se acuda). Usualmente, era entregado a los sospechosos de haberse relacionado con el nazismo junto al siguiente mensaje: «La información falsa tendrá como consecuencia una acción procesal por parte de los tribunales del gobierno militar». De esta forma, y aunque los americanos no tenían ni pajolera idea de si lo que estaban respondiendo los alemanes era verdad o mentira, al menos creían infundir algo der miedo en los examinados para evitar que falsearan lo que escribían.
Entre sus primeras líneas, el «fragebogen» incluía cuestiones tan absurdas como cuál era el número de cuenta bancaria y postal del entrevistado, cuál era el color de sus ojos, cuánto pesaba o cuál era su religión. Aunque no eran las más extrañas que podían hallarse en sus páginas. «Los aliados deseaban saber también, por ejemplo, si los bombardeos habían afectado a la salud, el trabajo o el sueño del entrevistado. Se pedía información sobre reclamaciones a compañías de seguros y demandas de indemnización, junto con otras preguntas sobre alcantarillado, electricidad y desagües», determina el historiador en su obra.
Estas eran –entre otras- las más sutiles. Posteriormente, y cuando el examinado se había relajado, llegaban las cuestiones de importancia. Entre ellas, destacaban algunas como la que solicitaba información sobre el número de cicatrices que la persona tenía en el cuerpo. Con dicha cuestión, los estadounidenses pretendían hacerse una ligera idea de si el interfecto había combatido en el frente y tenía restos de alguna herida, contaba con un tatuaje de alguno de los cuerpos militares alemanes (los miembros de las SS, por ejemplo, llevaban grabado su grupo sanguíneo en el brazo) o si, finalmente, disponía de marcas o distintivos de los grupos de duelistas estudiantiles. En el último caso, los aliados no sabían que estas asociaciones habían sido prohibidas por Hitler.
En este sentido, la cuestión número 25 también preguntaba sobre la afiliación a alguna fraternidad estudiantil cuando, realmente, Hitler las había prohibido en 1935.
Entre las más curiosas preguntas, finalmente, también se encontraba la siguiente: «¿En algún momento ha esperado la victoria alemana?».
Otras de las cuestiones (la número 18) era la que preguntaba si el examinado contaba con algún familiar dentro de la aristocracia alemana, la cual –según consideraban los americanos- había apoyado la subida de Adolf Hitler al poder, cosa falsa, pues la mayoría apoyaron la resistencia. El test también solicitaba al interfecto que le facilitara el partido al que había votado en 1932 (las elecciones en las que el Führer y su grupo político -el NSDAP- subieron al poder). Muchos consideraron absurda la pregunta acerca de su voto; en primer lugar, porque era fácil mentir, y en segundo, porque los alemanes estaban oyendo en la propaganda cómo se les decía que el voto secreto era una de las claves de la democracia.
En los primeros años después de la guerra fueron muchos los que pasaron el test, se personaron en las oficinas aliadas todo tipo de sujetos. «En una casa […] se entrevistó a un adolescente de 13 años y a un anciano de 88 que estaba “bastante gagá”. Un hombre ciego llegó a la entrevista acompañado de su esposa casi completamente sorda, afección que compartía con su marido», destaca el experto. Tampoco evitaban el cuestionario las mujeres de altos oficiales del ejército alemán. Uno de los caos más destacados fue el de Emmy Goering (la esposa del jefe supremo de la fuerza aérea).

El hambre, la nueva venganza contra Alemania

Tras determinar que los alemanes eran culpables por haber aupado a Hitler hasta el gobierno y haberle seguido en tiempos de guerra, los estadounidenses establecieron que era necesario castigarles. Así pues, iniciaron una campaña para atacar donde, por entonces, más dolía a un país cuya economía había sido destrozada por la guerra: en el hambre. De esta forma, rechazaron las peticiones de la Cruz Roja para llevar provisiones hasta la región y devolvieron todas las donaciones que, desde el resto del mundo, se habían recogido para evitar que el pueblo germano muriera de inanición.
«Políticos y militares –como sir Bernard Montgomery- insistían en que no se enviara comida desde Gran Bretaña. La hambruna era un castigo. Montgomery llegó a decir que tres cuartas partes de los alemanes seguían siendo nazis, aunque no reveló la fuente de su información. Los alemanes sólo podían culparse a sí mismos, y debían continuar ocupando el último lugar de la cola», señala Macdonogh.
En ese tiempo comenzó a correr el rumor en Alemania de que las calles no eran zonas seguras para los animales. No era para menos, pues los germanos tuvieron que recurrir a todo tipo de originales «recetas» para poder subsistir. «Las ratas y ranas, junto con los caracoles, permitían hacer una sopa que llenaba la barriga. El caballo era un plato relativamente común […] Se hacía harina de brotes, escaramujos, y enea. Las bellotas, los dientes de león y las raíces de altramuz se molían para hacer café. […] Las setas silvestres eran una bendición en la temporada: evitaban los gruñidos del estómago, pero más tarde torturaban a quien las consumía por su carácter indigesto».

A la caza del arte

Pero el «fragebogen» y las hambrunas no fueron las únicas represalias de los ejércitos aliados sobre Alemania. De hecho, estos aprovecharon cada minuto de su estancia para–en muchos casos- saquear y robar todo aquello que podían. El mayor expolio se produjo en el mundo del arte donde, estadounidenses y soviéticos se llevaron a sus respectivos países todo aquello que consideraron digno de ser disfrutado por sus ciudadanos.
Concretamente, este saqueo comenzó cuando los soviéticos empezaron a robar en todas las casas ocupadas. Al discernir la ingente cantidad de cultura que albergaba Alemania, Stalin envió entonces a un grupo específico de expertos para que las recuperara para la URSS. No obstante, este equipo llegaba en multitud de casos tarde y la realidad es que los soldados del Ejército Rojo eliminaron centenares de cuadros y esculturas por considerarlas contrarias al régimen comunista. A pesar de ello, lo cierto es que consiguieron llevarse un buen pellizco de ellas hacia las heladas tierras del este para que hicieran las veces de trofeos de guerra.
«La némesis de esta campaña rusa de obtención de trofeos era el departamento MFAA (Monuments, Fine Arts and Archives; Monumentos, Bellas Artes y Archivos) del ejército de los Estados Unidos, que también se llevó obras de arte, incluidos doscientos lienzos encontrados en Berlín, y las puso bajo “custodia”.
Soldados americanos rompieron a martillazos las esculturas (no políticas) de los talleres de Arno Breker, por ejemplo, junto a los de otros escultores alemanes.

Una limpieza étnica no divulgada

Jamás se habla de que los aliados, todos ellos, firmaron y realizaron una limpieza étnica de alemanes en Silesia y Pomerania en 1946, de donde expulsaron a toda la población alemana, en un proceso en que murieron de hambre y maltratos cerca de un millón de civiles.



Los Derechos Humanos Como Disvalor-Alberto Buela

DERECHOS HUMANOS COMO DISVALOR

Por Alberto Buela (*)


Este texto expone en lenguaje filosófico la realidad de la primacía de lo Justo sobre lo Legal, de actuar justamente antes de reclamar derechos. Hoy solo se reclaman derechos sin considerar lo justo ni exigir una conducta justa.

Como hace muchos años que venimos escribiendo sobre el tema de los derechos humanos y lo hemos encarado desde distintos ángulos: a) derechos humanos de primera, segunda y tercera generación, b) derechos humanos e ideología, c) derechos humanos o derechos de los pueblos, d) derechos humanos: crisis o decadencia.
En esta ocasión vamos a meditar sobre los derechos humanos como un disvalor o, si se quiere para que sea más comprensible, como una falsa preferencia.

Es sabido que la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por las  Naciones Unidas a finales de 1948, afirma en su artículo 3 que: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Con lo cual los legisladores correctamente nos vinieron a decir que los derechos humanos proclamados alcanzan al hombre en tanto que individuo, esto es, formando parte de un género y una especie: animal rationale o zoon lógon éjon, como gustaban decir griegos y romanos.
Pero, al mismo tiempo, nos dicen que estos derechos son inherentes al hombre como persona, esto es, en tanto ser único, singular e irrepetible. Y acá está implícita toda la concepción cristiana del hombre.
Es cierto que se han producido éticas ateístas de la persona como la de Nicolai Hartmann, pero eso no dejó de ser un mero ejercicio filosófico vacío de contenido y sin ninguna consecuencia político práctica. Una ética atea de la persona es estéril, es un simple flatus vocis.
No obstante cabe destacar que este magistral artículo 3, que ha sido merecedor de una exégesis abundantísima,(1) se apoya y tiene su basamento, en una concepción sesgada o parcial del hombre: como sujeto de derechos. Y es acá donde comenzamos a barruntar lo que queremos decir.
El hombre durante toda la antigüedad clásica: greco, romano, cristiana nunca fue pensado como sujeto de derechos, y no porque no existieran dichos derechos, sino porque la justicia desde Platón para acá fue pensada como: dar a cada uno lo que corresponde. Con lo cual el derecho está concebido desde el que está “obligado” a cumplirlo y no desde los “acreedores” del derecho. Es por ello que la justicia fue concebida como una restitutio, como lo debido al otro.
Esto es de crucial importancia, pues sino se lo entiende acabadamente, no puede comprenderse la Revolución Copernicana, que produjeron los legisladores onunianos en 1948.
Al ser lo justo, dar a cada uno aquello que le corresponde y no el obtenerlo para uno, la obligación de realizarlo es del deudor. Y ello está determinado por el realismo filosófico, jurídico, político y teológico de la mencionada antigüedad clásica. Así el peso de realización de lo justo recae sobre aquel que puede y debe realizarlo, el acreedor de derechos solo puede demandarlo.
Al respecto relata Platón cómo respondió Sócrates cuando le proponen fugarse de la cárcel al ser condenado a muerte: Nunca es bueno y noble cometer injusticia (Critón, 49ª5) En cualquier caso es malo y vergonzoso cometer injusticia (Critón, 49b6). Nunca es correcto retribuir una injusticia por una injusticia padecida, ni mal por mal (Critón 49 d7), pues es peor hacer una injusticia que padecerla. Qué lejos que están los postulados socráticos de la talmúdica ley del Talión, del ojo por ojo y del diente por diente.
Así, Sócrates no ignora que tiene “derecho humano a conservar su vida”, pero prima en él, el “derecho humano de los atenienses”, de los otros. Pues si se fuga realiza un acto de injusticia, peor aún que la recibida.

Hoy la teoría de los derechos humanos invirtió la ecuación y así viene a sostener la primacía del acreedor de derechos por sobre la obligación de ser justos. Y, entonces, termina privilegiando el bien privado al bien común, que es fue grave error del personalismo. (2)
Viene entonces la pregunta fundamental: ¿A qué debe el hombre otorgar primacía en el ámbito del obrar: a ser justo o a ser acreedor de derechos?
Sin lugar a dudas todo hombre de bien intenta ser justo en su obrar, sin por ello renunciar a sus derechos pero, si el acto justo implica posponer algún derecho, es seguro que el justo lo pospone.
Ello nos está indicando la primacía y la preferencia axiológica de lo justo sobre el derecho.
Si invertimos esta relación los derechos humanos terminan siendo concebidos como un disvalor, como una falsa preferencia.
De modo tal que, obviamente, no estamos en contra del rescate que los derechos humanos han realizado en cantidad de campos y dominios. Estamos en contra que la vida del hombre se piense limitada y girando exclusivamente sobre los derechos humanos concebidos como un crédito y no como un débito.
Y así como el bien tiene una primacía ontológica sobre el deber porque el hombre no es bueno cuando realiza actos buenos, sino que el hombre realiza actos buenos cuando es bueno. Analógicamente, lo justo=ius la tiene sobre el derecho y la lex.

 (*) buela.alberto@gmail.com  arkegueta, aprendiz constante
www.disenso.info 

NOTAS:
(1) Se ha criticado que este artículo hable del derecho a la vida y a la libertad cuando tanto la vida como la libertad son una inherencia al ser del hombre. Mal se puede hablar del derecho a la vida cuando quien no existe no puede exigir que se le confiera la existencia y del derecho a la libertad cuando ésta es un rasgo constitutivo del hombre y no un derecho. Lo que existe es el derecho del hombre a permanecer en su ser, esto es a restar vivo desde el momento en que comienza a vivir. Así como el derecho a la ejecución libre de sus actos y expresión de sus pensamientos y creencias.

(2) Existe abundante bibliografía al respecto, sobre todo a partir de la polémica desatada sobre el personalismo cristiano de los Mounier y Maritain por la década del 30 y sus críticos como de Koninck, Leopoldo E. Palacios y Julio Meinvielle.