domingo, 30 de abril de 2017

30 de Abril de 2017- Paso a la Eternidad del Fuhrer Adolf Hitler


Sólo rara vez encontraba Goebbels tranquilidad y sosiego para charlar conmigo con libertad y sin interrupciones. Y en tales ocasiones casi no tocaba el tema “Hitler”. Con absoluta exactitud puedo recordar la única ocasión, quizás por la impresión excepcionalmente fuerte que me produjo. Fue en Berlín y precisamente en el Ministerio, donde debíamos a veces aguardar hasta altas horas alguna decisión de Hitler a fin de comunicarla debidamente a la prensa.
Comenzamos de pronto a comentar que aunque Hitler disfrutara verdaderamente de la compañía femenina, y se veía que siempre se comportaba muy galante, no se le conocía una relación amorosa.
Goebbels, muy pensativo, dijo entonces casi textualmente: “A veces no logro entenderlo. Puede ser, aceptémoslo, que no se le puede medir con las medidas comunes. Vive prácticamente como un santo.
Obsérvelo cuando está con algunas damas. Se nota cuanto le gustan. A veces se le ve completamente enamorado, y ellas lo notan y se le insinúan. El se arrebata por ellas como un adolescente, pero la cosa nunca va más allá. Eso no lo entiendo. Yo lo conozco mejor que nadie. Creo, príncipe Schaumburg, que él no es un simple mortal, es alguien fuera de serie en todos los aspectos. Su memoria es sorprendentemente buena, y tan claramente como rescata el pasado puede también adelantarse al futuro. El sabe lo que está por venir, y sabe lo que tiene que hacer. Jamás habla sobre lo más esencial -quizás no puede hacerlo porque carecemos de las cualidades para poder comprender. En todo caso, tiene lo que llamamos un sexto sentido. Cuan a menudo lo ha demostrado. Él no desea que se sepa, pues la gente podría asustarse de él. El sabe que sigue el camino de todos los grandes, los verdaderamente grandes, a los que todo les resulta de maravilla, hasta que finalmente incluso las tinieblas se doblegan ante la luz, para que todo sea progreso. Eso no lo va a reconocer jamás. Y por ello esta prisa desconcertante, que a menudo nadie entiende. Aparentemente él sabe que dispone de poco tiempo. El no se da respiro. ¿Acaso no lleva una vida trágica? ¿Y acaso no lo sabe todo? ¿De dónde sacó esta cultura universal? ¿De dónde? Sólo por sus lecturas, imposible. Cuantas veces no hemos tratado de dejarlo en falta; ninguno de nosotros se acerca siquiera a la cantidad de conocimientos que él tiene; lo reconocen los más letrados, es algo inexplicable. Y a pesar de todo no quisiera cambiarme por él. Si alguna vez le dijéramos al pueblo cómo lo vemos nosotros, que lo conocemos mejor, entonces ellos lo considerarían un mago o un santo. No sé qué sería peor. Ambas confusiones serían funestas para Alemania y podrían desatar una hecatombe sangrienta. Eso me parece muy peligroso, créame. Pero quizás sea realmente una especie de santo. Hay base de sobra para pensarlo. No me agrada mucho pensar en su santidad.
Con toda seguridad que él no es de este mundo, tal como lo somos nosotros. Seguro que no. ¿Debería decir todo esto? No puedo hacerlo. Esto me mortifica a veces más que cualquier otra cosa. Debería preguntarle, y él jamás me lo permitiría; desea que algo así ni siquiera se insinúe, lo que me deja perplejo. Yo soy el único a quien habla con entera libertad.
Ud. no tiene idea de los planes que tiene este Hombre. Si tan sólo lograra parte de lo que él cree que debe realizar, toda la humanidad lo honrará como uno de sus más grandes hijos. Lo que ahora vivimos junto a él, o a través de él, es apenas una partícula. Tampoco Jesús vivió sólo para los hebreos, pero le tocó vivir entre los judíos y ser crucificado por ellos. Eso no fue culpa de ellos, así como tampoco fue mérito suyo que viniera al mundo y conviviera con ellos. El que Hitler llegara a nosotros y se hiciera grande entre nosotros, en último término no se nos puede adjudicar, no somos responsables de su ascenso, como tampoco lo seremos de su fin. Quizás lo asesinen o lo traicionen, quien sabe. Todo obedece a un ordenamiento gigantesco, cuyo significado más profundo los humanos podemos cuando mucho sospechar, pero jamás aprehender. De la nada y venciendo los más increíbles obstáculos creó legalmente el partido político más grande que haya existido jamás. Para innumerables personas aparece por eso como un político muy exitoso y de gran hechura. A pocos meses de la toma del poder puede mostrar como estadista éxitos impresionantes y una popularidad como nunca llegó a tenerla siquiera lejanamente hombre alguno en Alemania.
Son todos hechos que nadie puede pasar por alto. Está empeñado en hacer fuerte y libre al Reich, paso a paso, y aparece ante el mundo tan hábil que ya muchas potencias están de su lado. Los hechos están a la vista, pero si debemos ser honestos, la verdad es que nadie puede decir en último término como pudo concretarlos el obrero y soldado del frente Adolfo Hitler. Todo hombre destacado tiene amigos y enemigos, se le adora y se le odia, siempre fue así en todo lugar. Pero cuando contemplamos a los que lo adoran y a aquellos que lo odian no queda más que darle la razón, pero aún eso nos deja donde mismo frente a la pregunta ¿Qué clase de hombre es este que puede realizar todo esto? Yo le digo, todo esto a él no lo toca, es un hombre de una hechura completamente distinta a la de todos nosotros. Pero ¿cómo y cuándo lo captará el mundo, y qué cosas sucederán hasta que llegue ese momento? Zaratustra dijo: “Lo peor es necesario para lo mejor del Superhombre”. A veces me da escalofríos cuando reflexiono sobre la forma en que el destino guía a este Hombre, parece depararle lo más inverosímil. En todo caso, él es mucho más de todo cuanto nosotros podamos imaginar”. Luego de una pausa Goebbels añadió: “Príncipe Schaumburg, no debemos mencionar todo esto a nadie”.
Tocamos luego otros temas, pero nuevamente volvió a este mismo. “Hitler afirmó una vez -dijo tan lenta y seriamente como al principio- que la fuerza de un hombre es el resultado de su abstinencia. Si lo contemplamos a él, a su modo de vida, entonces habría que darle la razón. Naturalmente la fuerza no vale mucho si no es catapultada por una genialidad acorde. Pero el genio que carezca de esa fuerza tampoco llegará a su realización...así es como sucede. Esta fuerza, que se acumula es aparentemente, en su más alta expresión, el Amor, y éste a su vez es la dinámica de nuestra existencia, un trocito del universo o de Dios dentro de nosotros. Creo que cosas como estas Hitler me las dice sólo a mí. Aunque sea nada más que por esto creo que vale la pena aceptar todos los sacrificios. Es un hombre increíble y ni siquiera uno de sus acólitos es capaz de vislumbrarlo. Si llegasen a sospechar Quién es él, seguramente se avergonzarían de pasar colgados de su cuello”.
Prinz Schaumburg-Lippe

       Este escrito preliminar no figura en la edición original, sino que fue extraido de la revista De la revista “SIEG” Nº 7/8-1992/93 de Austria, por ser uno de los escritos del Príncipe que más se ajustan al motivo de este libro.